Crítica de Gran Torino (Clint Eastwood, 2008)

Gran Torino supone mucho en la carrera del veterano Clint Eastwood: en primer lugar, una despedida como actor con un personaje que bien podría contener una mezcla de sus antiguos roles; también, una recopilación de muchos de los temas que más le han fascinado a lo largo de los últimos años (muerte, pérdida, los Estados Unidos, religión, relaciones humanas…); y, por último, una revisión a toda la obra del cineasta a través de simbólicas e increíbles imágenes. Una nostálgica retrospección con mirada hacia el futuro.
Si Million Dollar Baby hablaba, entre muchas otras cosas, de la pérdida de un ser querido, Gran Torino, posiblemente el film más asociable con el mencionado (especialmente por su corte trágico e intimista) nos lleva hacia una pérdida no tan física: la de los valores. Y es que Walt Kowalki, el anciano protagonista veterano de la guerra de Corea, tras observar desde su porche la degradación del barrio en que vive (ahora habitado por inmigrantes), siente una enorme dolor en su interior, un desprecio por los nuevos moradores y siente una pérdida de, según él, los antiguos valores americanos. Sólo su preciado coche de colección, el Gran Torino, le supondrá una vía de evasión, un refugio ante el mundo en que vive. El cambio moral que experimentará este personaje conservador y violento hacia la comprensión resulta ser el eje del film, y su “culpable” no es otro que Thao, un adolescente oriental que le hará mirar hacia el futuro y, a su vez, actuar como en el pasado. Y ahí es donde más se nota el nexo con la anterior película mencionada, en la relación entre dos seres humanos hundidos por la soledad que no se adaptan al presente.
Clint Eastwood ha vuelto en plena forma con un film fascinante, inspirado y necesario. Si no tiene un guión tan perfectamente calculado como el de Million Dollar Baby, ni una factura técnica tan impecable como la de El intercambio, es porque no lo necesita (uno de sus logros es tratar temas tan complejos y diversos como los anteriormente mencionados de una manera tan absolutamente sobria). Gran Torino es un mérito inolvidable, la obra más personal de Eastwood (¿quién habló de obra menor?), una rendición ante su propio cine, su propia visión del mundo. El mejor castigo artístico que se le podía imponer a la América de Bush.
Puntuación 9/10

Poco es el factor sorpresa que hay antes de que se entreguen los premios Oscar de este año 2009. Es prácticamente seguro que la tramposa pero eficaz Slumdog millionaire triunfe, que Mickey Rourke, Kate Winslet, Heath Ledger y Penélope Cruz sean los actores ganadores, que la maravillosa El curioso caso de Benjamin Button se convierta en la gran perdedora y que, merecidamente, Wall·E sea galardonada con el premio de Mejor película de animación y alguno más. Resulta de todo menos emocionante que la entrega de premios de este año sea tan previsible. Pero… ¿y si aparecen sorpresas totalmente inesperadas como la de Crash hace unos años? Esperemos que sea así, y que el film de Fincher sea la gran y merecida triunfadora de la noche. Aquí mi totalmente objetiva quiniela (debajo de cada apartado aparece el nombre de la película que me gustaría que ganara):
MEJOR PELÍCULA
Slumdog millionaire
El curioso caso de Benjamin Button
MEJOR DIRECTOR
Danny Boyle
David Fincher
MEJOR ACTOR PROTAGONISTA
Mickey Rourke
Mickey Rourke
MEJOR ACTRIZ PROTAGONISTA
Kate Winslet
Supongo que Kate Winslet (aún no he visto El lector, es una tarea pendiente para mañana)
MEJOR ACTOR SECUNDARIO
Heath Ledger
Indiscutiblemente, Heath Ledger
MEJOR GUIÓN ORIGINAL
Mi nombre es Harvey Milk
O la mencionada o Wall·E. Me daría igual
MEJOR GUIÓN ADAPTADO
Slumdog millionaire
El curioso caso de Benjamin Button
MEJOR FOTOGRAFÍA
Slumdog millionaire
Slumdog millionaire
MEJOR MONTAJE
El curioso caso de Benjamin Button
Cualquiera de las cinco me parece merecedora del premio (os recuerdo: Batman, Milk, Slumdog, Nixon y la mencionada)
MEJOR DIRECCIÓN ARTÍSTICA
El intercambio
El intercambio
MEJOR VESTUARIO
The Duchess
Revolutionary Road

MEJOR MAQUILLAJE
El curioso caso de Benjamin Button
El curioso caso de Benjamin Button
MEJOR BANDA SONORA ORIGINAL
Slumdog millionaire
Slumdog millionaire
MEJOR CANCIÓN
Jai Ho (Slumdog millionaire)
Jai Ho (Slumdog millionaire)
MEJOR SONIDO
Slumdog millionaire
El caballero oscuro
MEJOR MONTAJE DE SONIDO
Wall·E
Wall·E
MEJORES EFECTOS VISUALES
El curioso caso de Benjamin Button
El curioso caso de Benjamin Button
MEJOR PELÍCULA DE ANIMACIÓN
Wall·E
¿Hace falta que lo escriba?
MEJOR PELÍCULA EN LENGUA ESTRANGERA
Vals con Bashir
No he visto ninguna, así que no puedo opinar
Espero, o más bien deseo, que mis “sueños” se hagan realidad. De aquí unas horas lo sabremos.

No, El Séptimo Arte no desaparece. Simplemente, se me ha acudido crear un nuevo blog para poder escribir sobre mis intereses, mis opiniones, mis proyectos. Quería hablar de teatro, de música, de libros, de fotografía… De todo un poco. No ceñirme, únicamente, en el cine.
El hecho de tener dos blogs me supone, de algún modo, un doble trabajo verdaderamente inútil, y es por eso que, quizás, de aquí un tiempo, me replantee incluir mis críticas cinematográficas en el nuevo. Todo se verá.
Se titula Un blog de Ramon Balcells, y a partir de hoy mismo podéis acceder a él y leer la introducción que ayer escribí. Espero que os interese y lo visitéis con gusto. Arriba, el diseño de la cabecera.
Crítica de El luchador -Darren Aronofsky, 2009-
¿Quién hubiera dicho que Darren Aronofsky, realizador de obras tan visualmente impactantes como Réquiem por un sueño y La fuente de la vida, acabaría dirigiendo la historia de un perdedor de una forma tan sutil y prácticamente rozando un tono documental como lo ha hecho en su último film? El caso es que The Wrestler (o si lo prefieren, El luchador, una traducción no del exacta, pues la palabra en español abarca más que la especialidad de “lucha de combate”), pese a estar dotada de tal aparentemente sencillo estilismo visual, resulta ser, a mi parecer, la más atractiva propuesta del cineasta norteamericano hasta la fecha.
Los motivos son varios: en primer lugar, tenemos un peso pesado que lleva las riendas de la historia: un Mickey Rourke extraordinario, perfecto y totalmente recuperado. Dicha interpretación va ligada con lo que para mí es el otro gran acierto de la película: ese desgarrador tono realista que transmite aún más el sufrimiento de un hombre abatido por la soledad y el dolor, que trata de resucitar. Así pues, el uso (magnífico, por cierto) de la cámara en mano no es en vano. Ni tampoco la elección de Rourke para el papel: lo más posible es que se interprete a sí mismo.
Definitivamente, pienso que, además de ser El luchador, una de las mejores, más sinceras y arriesgadas propuestas cinematográficas de los últimos años, estamos ante la más perfecta cinta de Darren Aronofsky, aunque en absoluto lo parezca.
No se trata de un simple biopic sobre un luchador, es mucho más: una portentosa y desgarradora reflexión sobre la insatisfacción y el dolor, sobre la fuerza del ser humano y la capacidad de amar, sobre la inutilidad de la violencia, aunque el protagonista la use, en forma de espectáculo, para escapar de sus miserias personales. Véanla y aprecien un verdadero combate.
Puntuación 9/10
He aquí un año lleno de mediocridad cinematográfica, también de malestar económico. Un 2008 totalmente mejorable. Sin duda, si un servidor se centra en los filmes que han sido estrenados desde el primer viernes del año en España, sean con retraso o no, llega a la conclusión de que muy pocos merecen estar en el top 5 -no hace falta que diga el porqué de no hacerlo sobre diez-. Aquí mi lista
1. WALL · E Andrew Stanton, 2008

Me resulta extraño colocar en el primer puesto un film de animación, más que nada porque nunca se me hubiese ocurrido hacerlo; lo cierto es que este nuevo producto de la Pixar es pura maestría, una joya que con el paso del tiempo se convertirá en un clásico; una valiosa e innovadora demostración de las libertades que ofrece el cine, de que con imágenes y sonido puede uno conmocionarse como nunca, de que la magia existe. Una obra de arte inolvidable.
2. ANTES QUE EL DIABLO SEPA QUE HAS MUERTO Sidney Lumet, 2007

La resurrección del maestro que, años atrás, llevo acabo algo tan cinematográfico y conmovedor como Doce hombres sin piedad. Una enorme tragedia familiar con una puesta en escena brillante, unos intérpretes impecables y un guión complejo. Todo en este film es de calidad, cada detalle está tratado con tal precisión que en ningún momento el espectador se siente ni aburrido, ni engañado. Otra obra maestra.
3. NO ES PAÍS PARA VIEJOS Joel y Ethan Coen, 2007

Consiguió los dos galardones más importantes en la anterior ceremonia de los Oscar y obtuvo unas críticas tremendamente buenas. La mayor parte de la gente, incluído yo, coincidía en que el nuevo trabajo de los directores de Fargo era una sólida y brutal película sobre el paso del tiempo y el uso de la violencia, y que nunca un villano como el caracterizado por Bardem fue tan atemorizante en un film. Absolutamente inolvidable.
4. LAS HORAS DEL VERANO Olivier Assayas, 2008

Que un tema tan molido y cansino como la relación entre una familia tras una herencia sea tratado con tanta elegancia e innovación como Assayas lo hace en su último proyecto es digno de elogio. Sólo hay que presenciar los diálogos o ese final tan enormemente simbólico para darse cuenta que Las horas del verano no es un film cualquiera, que es uno de los logros cinematográficos más complejos y bonitos del año.
5. LOS CRONOCRÍMENES Nacho Vigalondo, 2007

Ni crímenes en Oxford, ni, desde luego, girasoles ciegos. Tras ver las nominaciones a los premios Goya de este año, un servidor está al borde de un ataque de nervios: si el año pasado reconocieron la innovación y el riesgo de alguien como Rosales, este 2008 parecen volver al clasicismo de siempre, nominando a infinitos premios churros como los mencionados al comienzo. Mis disculpas, supongo, por no haber visto aún Camino, la única que parece ofrecer esperanzas. La única película española que he visto de este año y que me parece la mejor, con gran diferencia, es Los cronocrímenes, y únicamente la defenderé con las siguientes palabras: original, atrapante, de bajo presupuesto, amena, corta e imperfecta. Todo lo que un debut ha de ser.
Para no quedarme intranquilo, dejaré en el aire varios títulos más que también me parecen dignos de ser mencionados: Quemar después de leer, La niebla, El intercambio, La cuestión humana, Paso de ti, El incidente, La noche es nuestra, Sweeney Todd: El barbero de la calle Fleet, 4 meses, 3 semanas y 2 días, Lo mejor de mí, My blueberry nights, The fall: El sueño de Alexandria, Juno, Expiación. Más allá de la pasión, El caballero oscuro y Escondidos en Brujas.
Sé que este nuevo año contará con productos de muchísima más calidad. Lo presiento. Sólo os digo que ya he visto lo que me parecen dos grandiosas películas: Gran Torino y Revolutionary Road. ¿Queréis volver a oir nombres que ya os suenen para iros haciendo la idea de lo que supondrá, cinematográficamente, el 2009? El lector, El curioso caso de Benjamin Button, Slumdog Millionaire, Frost/Nixon, Inglorious Basterds, Blindness, The Burning Plain, Agora, Los abrazos rotos, El mal ajeno, Watchmen, The Wrestler… ¿Hace falta que siga? ¡Feliz 2009!
Revelador fotograma de Endeutats, sobre la teranyina, un documental de Ferran Vidal Vicens
¿Saben esas torres de cartas, cuya extrema sensibilidad hace que si tocas una de ellas toda la construcción se derrumbe? ¿Les suena, también, ese hecho tan actual llamado sobreendeudamiento? ¿Qué les parece si asociamos los dos aspectos y cambiamos las famosas cartas de juego que forman la torre por tarjetas de crédito? Crearíamos una metáfora visual, un impacto visual absolutamente concienciador que Ferran Vidal Vicens ha utilizado como apertura de su extraordinario documental Endeutats, sobre la teranyina (Endeudados, sobre la telaraña), estrenado el día 16 de diciembre en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB).
Unos meses después de la caída de las torres gemelas en Nueva York, la gente aún no estaba preparada para recibir mensajes culturales acerca del tema. Nadie lo estaba. Algunos años más tarde, empezaron a aparecer representaciones de todos los ámbitos artísticos (en cine, por ejemplo, surgieron dos especie de homenajes, pero completamente distintos: la fallida World Trade Center, de Oliver Stone, o la espléndida United 93, de Paul Greengrass), hechos que no significaban, sin embargo, la superación de la catástrofe. Simplemente, se creían oportunos de hacer, aunque, en mi modesta opinión, eran innecesarios, venían a contar algo que todos sabíamos. Lo mismo sucedió con el atentado del 11-M en Madrid, aunque ningún cineasta se ha “atrevido” ha tocar el tema aún. La necesidad por retratar algo sumamente dramático como un atentado en el cine no es fácil.
Ni tampoco lo es hacerlo con la crisis económica que hoy en día nos envuelve. Por eso considero el mencionado documental de Vidal como, ante todo, un atrevimiento digno y conmovedor, que no sensiblero, puesto que es uno de las primeras creaciones artísticas de hoy en día que ha profundizado en el tema. Lo más curioso de todo es que se realizó hace algo más de un año, cuando la crisis aún no se había expandido tanto como ahora. El resultado de Endeutats, sobre la teranyina es más que satisfactorio, es una demostración de que temas como el que nos ocupa pueden ser tratados de forma artística sin caer en la lágrima fácil propia de los telediarios que nos invaden con titulares terroríficos.
Metáforas visuales distinguen al documental del prototipo de informativo sobre la economía
De todos modos, no quiero hablar aquí de economía. La crisis está latente, cada vez nos invade en mayor proporción. La problemática de las familias y de los bancos es algo que todos oímos cada día. El sobreendeudamiento también. Así pues, como espectador cinéfilo que soy, me gustaría resaltar de Endeutats, sobre la teranyina su capacidad de atracción visual mediante imágenes desconcertantes, metáforas visuales, un montaje de ritmo ameno y una fotografía atractiva, así como un guión cuyo enorme trabajo se palpa enseguida y una dirección tan profesional como inteligente. Aunque su mayor logro, sin embargo, es la combinación de dos factores que, de no ser por ir mezclados, el resultado hubiera sido un mero informativo: esta creación e imaginación artística con la reflexión y documentación sobre el apuro económico.
Ferran Vidal Vicens y todos los colaboradores del documental ya pueden ser considerados como unos de los primeros atrevidos que se han enfrentado ante este problema social y financiero tan grave. Un trabajo digno de ser visto por cualquier persona inquiete por el dilema, es decir, por la mayoría de los habitantes de este mundo tan últimamente maltratado. Además de no defraudarles, les proporcionará información, no sólo económica, sino sobretodo ética y social, rehusando del abundamiento de demasiados tecnicismos. Gracias y felicidades a todos los colaboradores por haber conseguido no dejar a nadie indiferente.
Las horas del verano (Olivier Assayas, 2008)

Las horas del verano se abre, tras unos títulos de crédito iniciales acompañados de una partitura de fondo absolutamente emocionante -la única pieza musical que aparece durante todo el film-, con un plano de un bosque que, ya de por sí, transmite una total tranquilidad. Unos niños y adolescentes aparecen de la nada corriendo y se dirigen a una casa antigua de pueblo preciosa, donde se encuentra el resto de la familia adulta. Algo tan simple como un encuentro familiar se sucede con una sencillez abrumadora, un encanto y una puesta en escena tan elegante como cercana. Este es el inicio de todo un pequeño dilema familiar de lo más corriente, cuya desenvoltura resultará de lo más realista, convincente, calmada, hermosa y dramática.
La nostalgia que se respira en el ambiente de la familia protagonista se palpa enormemente, se siente como si fuéramos nosotros quienes presenciásemos el paso del tiempo y los cambios generacionales. Y es que además de representar una revisión del pasado, de sus costumbres, el film también acaba siendo una visión sobre el presente, y ahí es donde más papel tienen esos tres hermanos tan diferentes unidos por el recuerdo de una madre y unos objetos que van cobrando personalidad a lo largo de la película hasta culminar en el peor lugar posible -inolvidable la conversación en el museo entre el hermano mayor y su mujer, y todos los diálogos entre los tres-, es decir, por el mismisimo pasado. La posterior generación, la de esos adolescentes ansisos de libertad, sin embargo, también se distingue por la sensibilidad por uno de los aspectos básicos de la vida como la muerte. El realizador nos brinda, en esta ocasión, unos planos finales enormemente sensibles y bellos, envueltos de naturaleza y calma como los primeros que aparecen, en contraste con las tristes y desesperanzadoras situaciones que se desenvuelven durante la mitad, más cercanas a los problemas entre los primeros.
Lo que más distingue al film de Olivier Assaayas de cualquier otro drama familiar de argumento parecido es su capacidad por diferenciar el conflicto en sí, o el pretexto, si quieren, de la temática esencial, esa mirada hacia las distintas generaciones de una familia y la repercusión que tiene en ella el paso del tiempo, la muerte y la nostalgia. Eso, y una excepcional dirección de actores -destacar, por encima de todo, una Edith Scob breve pero deslumbrante en cada momento, y los tres hermanos, completamente accesibles-, hacen que Las horas del verano resulte una de las propuestas más hermosas, sinceras y, aunque resulte a primera vista extraño, innovadoras que se haya hecho el cine francés, últimamente estancado en un estilo y un contenido ya cansinos. Una película inolvidable, bañada elegantemente de una lucidez y una madurez poco comunes en los tiempos que corren.
Puntuación 9/10
Quantum of solace (Marc Forster, 2008)

Si Casino Royale, que era un soberbio ejercicio de entretenimiento, probablemente la mejor de la saga del mítico espía británico 007, estaba dirigida por alguien cuya aportación al cine había sido de lo más vulgar como Martin Cambell, la nueva y esperada secuela del ahora renovadísimo James Bond, Quantum of solace, tenía que ser la bomba definitiva que necesitaba la saga para resultar una de las más atractivas de los últimos tiempos, por el hecho que quién estaba tras la cámara era quien nos enseñó que el cine, de vez en cuando, podía convertirse en un sueño hecho realidad -me refiero a las dos joyas Descubriendo Nunca Jamás y Más extraño que la ficción-. Desgraciadamente, el resultado peca de irregularidad, pero lo que sobretodo le perjudica es que la previa existencia de la archiconocida trilogía del espía amnésico Jason Bourne le “permita” absorber el estilo y el mecanismo de todas y cada una de las escenas de acción -exceptuando lo mejor de la película, ese deslumbrante y tenso momento en la ópera-. No en vano, el coordinador de dichas frenéticas y masticadas secuencias es el mismo.
Pero, dejando a un lado ese doloroso pero inevitable perjuicio, un servidor ha de reconocer que todo lo demás, que finalmente acaba siendo bien poco, eleva su calidad y hace que la presencia de Forster se acentúe. Su poderosa imaginación visual, llena de símbolos que son más de lo que parecen y que además contrasta con las mencionadas escenas plenas de adrenalina, le hace coincidir con otro del año, El caballero oscuro, otra secuela Blockbuster que, frente a muchos explosivos y bazucas, priorizaba su enérgico y original estilo visual. De ahí su distinguible su parecido con las aventuras de Roger Moore -probablemente el más irónico y menos complejo de la saga, pero el más creativo-, que daban prioridad a la forma que al contenido, pues conocían sobradamente la condición del género al que pertenecían, el de espías, cuya función no era otra que la de entretener al público.
De Quantum of solace me quedo con sus ingeniosos diálogos, con sus medio-camufladas metáforas -el uso del fuego en paralelismo con el interior de los personajes, el destino de Mathis en el container, ese desierto que tan bien define la sequedad y el brutalismo de las acciones de Bond-, con los personajes secundarios -sobre todo con M, quien afortunadamente adopta un mayor protagonismo que en su predecesora, y el villano Greene, que sin ningún aspecto físico atemorizante, sólo con su mirada, consigue aterrar más que cualquier otro-, con las distintas tipografías de los nombres de cada país y con el estupendo final que da sentido al precioso título. Sin embargo, por mucha renovación de cara al realismo que se pretenda, hay algo tan esencial, tan mítico y diferenciable con el resto de productos como los gadgets de Q o la expresión “This is Bond, James Bond” que falta, y mucho. Y es que si una saga cinematográfica tan extensa y famosa como la que nos ocupa no quiere perder su propia personalidad, que no se olvide de lo más básico y, posiblemente, lo menos complejo: sus detalles. Una cosa es renovarse, otra perder por completo la esencia. Quantum of solace, una entretenidísima y, a ratos, muy personal película de acción, no la pierde, pero por poco lo hace.
Puntuación 6/10
Red de mentiras (Ridley Scott, 2008)
En Spy Game, Tony Scott plasmaba, dirigiendo con total seguridad, un estilo asombrosamente personal. Nadie creía, por el momento, que el hermano pequeño, y hasta ese momento mal considerado, del creador de dos obras cumbres del cine de ciencia ficción como Alien, el octavo pasajero y Blade Runner, pudiera realizar un producto tan sumamente sutil, atractivo y, sobre todo, con un gigante sello propio como ese. Está claro que no fue una obra maestra, ni una película de espías que perduraría a lo largo de los años, pero fue una especie de aviso. Más tarde llegaría El fuego de la venganza, cuyo absolutamente imposible contenido argumental hacía disminuir, en cierto modo, el empeño del director por mantener en vida su talento estilístico. Mientras, Ridley avanzaba con su abundante productividad de manera irregular, algo que, sin duda, le iría perjudicando. Y, evidentemente, ha acabado siendo así, y Red de mentiras lo demuestra con creces.
Mentiría si dijese que éste último es un mal film, pues pese a su explosiva apariencia de “peliculón”, no deja de ser otro correcto juego de espías. El problema está, precisamente, en que se espera demasiado de él de una manera inconsciente. A modo de muestra, no hay nada mejor que su cartel -artísticamente pésimo, por cierto-, cuyo objetivo no es otro que el de vender a través de nombres comercialmente enormemente atractivos como DiCaprio, Crowe y Scott -o, si no me equivoco, “del director de Black Hawk Derribado y American Gangster“-. Sólo faltaba la frase, cuyo contenido sería cierto, “del guionista de Infiltrados“. Ante todo esto, nos encontramos con un film cuyo lenguaje visual está totalmente gastado -es sospechosamente parecida a Spy Game-, cuyo contenido no presenta nada nuevo, cuyos personajes no van más allá del estereotipo, y cuyo único escape para atraer al público más inocente es su espectacular promoción.
Ridley Scott ha demostrado haber perdido su estilo por el camino, aunque queden algunos restos de él en según que logrados aspectos -véase todo lo relacionado con la creación del falso grupo terrorista y sus consecuencias-. Todos sabemos que su talento es grande, muy grande, pero como todos los grandes, puede bajar su nivel de exigencia y conformarse con productos tan apetecibles como tópicos como el que nos ocupa. Aunque lo peor de todo resulta ser el guión por parte del consagrado William Monahan, que hace constantemente aguas, que por momentos parece perderse en su posición política, abusando del convencionalismo camuflado y demostrando que no sabe concluir dignamente una historia cuyo final predecimos, desgraciadamente, desde la aparición del único personaje femenino del film, insertado en la trama de una forma poco hábil.
Red de mentiras no es un film del todo fallido; tiene puntos a favor tan evidentes como dos interpretaciones que, por separado, funcionan sensacionalmente -la química entre Crowe y DiCaprio es de lo más nula-, como una factura técnica casi perfecta o varias secuencias impactantes y memorables. Pero creo que cabrá esperar a un próximo Ridley Scott más personal, más auténtico, más insólito, antes que su hermano resucite de la tumba que infortunadamente, se ha ido construyendo a lo largo de los últimos años.
Puntuación 5/10
Crítica de Quemar después de leer (Joen y Ethan Coen, 2008)

Nunca hubiera pensado que me reiría con Brad Pitt en una película; con el Chad Feldheimer que interpreta en Quemar después de leer lo he hecho, sin duda alguna, con creces. Él es el más memo del elenco de idiotas personajes que aparecen en la última y brillante película de los hermanos Coen. La suya es una caracterización de lo más absolutamente genial, una burla al prototipo de “tontolaba” que vive permanentemente con un chicle en la boca y se muere si no lleva su iPod encima; el verdadero causante de todo el enredo del argumento, que apenas tiene sentido. Aunque son algunos otros los que también actúan en este estúpido e inexplicable lío, tres personajes principales más cuyos apellidos, como bien acostumbrados nos tienen los cineastas, son de lo más prácticamente difíciles de pronunciar -acuérdense del Chigurgh de No es país para viejos-: Harry Pfarrer es el típico hombre inmaduro que necesita ligar y que tiene varios tics en la boca, otro idiota de cuidado sensacionalmente interpretado por el habitual George Clooney; Linda Litzke, magistralmente llevada a cabo por Frances McDormand, representa otro prototipo de persona en la sociedad de hoy en día, una trabajadora corriente cuyo único objetivo es operarse para resultar más atractiva -hilarante su desenlace-; y Osborune Cox -un gran John Malkovich- es quizás el más clave de todos, un ex-agente de la CIA que decide escribir sus memorias y cuya mentalidad es de lo más extravagante -inolvidable la conversación telefónica con Pitt, o el intento de chantaje dentro del coche-. Luego está la mujer de éste último, Katie -como siempre, una soberbia Tilda Swinton-, probablemente el único personaje sensato, el único endiablado que sabe el porqué de sus acciones.
El film no deja de ser una farsa sobre el mundo de idiotez en que vivimos, una feroz crítica tanto a la sociedad actual, básicamente preocupada en aparentar buen tipo y creerse importante, como a los altos cargos -en este caso, la mil y una veces atacada CIA-. El gran qué de la película está en que no necesariamente ha de explicarse algo sumamente complejo para criticar algo sumamente sencillo; aunque con disponer de una historia tan simple como la de Quemar después de leer no basta: hay que contarla bien. Y es en este aspecto donde los Coen destacan más. Los narradores, ya expertos, prescinden en muchos casos de escenas cuya importancia es importante pero no esencial, crean una puesta en escena de lo más fresca, y se basan en un guión que, pese a su aparente simplicidad, no hace aguas por ningún lado y acaba resultando extraordinariamente irónico y satírico. Para eso, señoras y señores, se necesita talento, y la póstuma obra de los Coen, quieran aceptarlo o no, rebosa de él.
Unos diálogos desternillantes ”soltados” por unos personajes tan increíblemente estúpidos como sus intenciones, un enredo de nivel nacional -grandioso fondo para los títulos de crédito- que nunca llega a cobrar sentido -atentos a la frase final del jefe de la CIA, que no deja de ser un resumen de todo lo que hemos presenciado. ¡No tiene desperdicio!-, y unos directores que, sin ellos, Quemar después de leer hubiera sido una auténtica basura, una idiotez. Una de las mejores películas del año y, posiblemente, de las mejores comedias absurdas vistas en mucho tiempo.
PUNTUACIÓN: 8 SOBRE 10

