¡Corre, Tom, corre!: “La guerra de los mundos”

¿Recuerdan la gran movida que se causó tras las falsas frases que Orson Welles soltó por la radio en el año 1938 diciendo que el mundo iba a ser invadido por los extraterrestres?. Seguramente nadie de vosotros lo vivió, pero el caso es que ahora este, para mi gusto, desconcertante hecho lo conoce todo el mundo. De tan popular que se hizó, en el 1953, Byron Haskin adaptó La guerra de los mundos, la novela de H.G. Welles, a la gran pantalla. Unos cuantos añitos más tarde, para ser exactos, 63, ¿quién sino Spielberg hubiera podido dirigir su remake?. Nadie.
He de reconocer que no soy ningun fan del director, más bien, encuentro que muchas de sus películas presentan una cantidad excesiva de tópicos y finales felices que no vienen a cuenta. No, aunque parezca que estoy diciendo que La guerra de los mundos es una excepción, no os lo penséis, al revés: la película de Spielberg me parece que presenta muchos tópicos y un happy end inadecuado. Aunque todo hay que decirlo, y lo cierto es que también muestra varias secuencias realmente memorables (en todas las películas de él aparece al menos una). Podría decir que una de ellas es esa en que la hijita del protagonista se va corriendo y una máquina la atrapa mientras él, desesperado, la busca por todos lados hasta un punto en que no le queda más remedio que dejarse llevar por los metálicos brazos de los desconocidos alienígenas e ir con ella.
¿Verdad que aun no he mencionado quién es el dichoso protagonista? Bueno, se lo pueden imaginar, ¿no? Es ese actor que acaba de tener una cosa llamada Suri y que está casado con una con la que durará menos de dos años. Sí, ese es el recientemente despedido de su contrato por la Paramount. Ese chiquillo que gana más dinero corriendo tras unos bichos hechos por ordenador que cualquier trabajador normal. Lo siento por tal sermón, pero es que he aprovechado para criticar a mi querido Tom Cruise. En fín, que como supondréis, en la película no hace más que correr, poner cara de pasmarote y decirle a su hija (la sobrevalorada, en este caso, Dakota Fanning): “no pasa nada, cariño, tú tranquila. No pasa nada”, mientras unos alienígenas están detras suyo intentando destrozar a quien se le meta por delante. Bien, quizás he sido demasiado crítico en este aspecto, ya que también es verdad que cuando uno está en apuros, la única tontería que se le ocurre decir es “no pasa nada”.
Quizás me haya gustado un pelo más por algunas de sus terroríficas secuencias, excelentemente rodadas. Pero vamos, La guerra de los mundos no es una mala película, pero tampoco es una muestra de buen cine. Es, también, un bache en la filmografía de Spielberg, y a la vez, un film con un ritmo trepidante. Vamos, que es sumamente irregular. Me pregunto cuánto le pagaron a Tim Robbins para hacer el papel de un pirado que apenas dura diez minutos…

Lo mejor la secuencia del alien entrando en el subterráneo habitado por Cruise, Fanning y Robbins.
Lo peor el nada adecuado happy end.
Valoración 5,5

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