“El ilusionista”, buen título para un entretenimiento sin complicaciones

Hace dos años descubrí en esa excelente comedia dramática llamada Entre copas a un actor sublime, Paul Giamatti (el secundario por excelencia de los últimos años). Desde su triumfo con esta independiente experiencia, Giamatti ha llevado su carrera de una forma inteligentísima. La última vez que hemos podido ver una interpretación suya ha sido en El ilusionista, una película que sin él no sería prácticamente nada.

Como muy bien dice el título, el film gira en torno a un ilusionista (una especie de mago que crea ilusiones e interpretado por un correcto Edward Norton) de Viena a principios del 1900. Tras realizar una de sus obras al príncipe heredero Leopold (un carismático Rufus Sewell), la cosa empieza a complicarse, sobretodo por la aparición de la prometida de éste último, Sophie (estupenda Jessica Biel), una amiga de la infancia del ilusionista Eisenheim y del inspector de policía Uhl (un excelente Giamatti). Misterio, magia, romance y giros argumentales podrian ser (o son) los géneros principales del film de Neil Burger.
La película tiene un comienzo formidable, absolutamente coerente con el tiempo, entretenidísimo y con el inicio de un flash-back que prosigue hasta prácticamente finalizar el film. Ahora bien, el guión presenta alguna caída de ritmo, considerablemente leve, que hace perder interés a la historia y a los personajes (bastante bien dibujados, eso sí). El resto del film es simplemente entretenido, hasta llegar a ese final sorpresa demasiado evidente pero, en cambio, no demasiado engañoso (tratándose de una película de hoy en día). El de El ilusionista es un relato que atrae (los magos, quieras o no, siempre cautivan al público), pues últimamente estamos viendo una excesiva aparición de estos en el cine (Scoop, la aún no estrenada El truco final: El prestigio).

Las interpretaciones del film, como he dicho, son en general más que correctas, destacando al inmenso Paul Giamatti y a Jessica Biel, en un papel breve, pero intenso. Aunque Edward Norton, el gran rei de la película, hace una interpretación correcta, que tampoco da mucho de sí.
Dentro de los aspectos técnicos, El ilusionista presenta una fotografía bellísima con un toque oscuro excesivamente oscuro. Para mi, resulta cansino estar viendo durante todo el film un toque de contraste negro alrededor de la imagen, como si fuera un sueño (o ilusión…). El montaje es verdaderamente bueno, con unos cortes y transiciones (circulares) realmente imnotizantes.

En resumidas cuentas, la película de Neil Burger es un entretenimiento de calidad, con una interpretación sobresaliente y un guión correcto (con un giro final demasiado brusco).

Lo mejor Paul Giamatti y el comienzo
Lo peor algunos baches del guión y esa oscuridad permanente, demasiado cansina.
Valoración 6,5
Mi crítica en MuchoCine.

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