“Hijos de los hombres”, la esperanza y la fertilidad según Cuarón

Hay veces en que un relato puede parecerte tan real que parece que estés viviendo los mismos momentos que los protagonistas. Este es el caso de Hijos de los hombres, una cinta futurista que muestra como, en el año 2027, nace, tras 18 años, el primer niño. Está claro de que es una película magistral, llena de planos-secuencia absolutamente impresionantes (la fotografía está llevada a cabo, nada más y nada menos que por Emanuel Lubezki), interpretaciones brillantes y un guión impecable (basado en la novela homónima de P.D.James). Se le ha de agredecer a Alfonso Cuarón por habernos regalado esta joya cinematográfica.

La base argumental es simplemente brutal. No sólo la base, no, sino todo en conjunto. El argumento de Hijos de los hombres es, simbólicamente, un viaje a la esperanza. Y es que la película está contada como un viaje, por lo que la hace, no sólo más bonita, sino también más interesante. En realidad, la vida de cada uno es un viaje, y esto creo que es lo que nos quiere contar Cuarón.
En este caso, el viaje empieza con un seguido de actores realmente desconcertante: Clive Owen (el protagonista de la función, que además de demostrarnos que sabe caminar con sandalias, muestra su faceta más dramática y humana), Julianne Moore (que no sale demasiado, pero te metes completamente en su personaje, gracias a su grandiosa interpretación), Michael Caine (qué decir de este maravilloso actor que aquí interpreta a un hippie que será una gran ayuda para el protagonista), Chiwetel Ejoifor, Pam Ferris (la malvada directora del colegio de Matilda) y la desconocida, pero brillante en su papel, Clare-Hope Ashitey (¿su segundo nombre está hecho a propósito?). Con tal reparto, es normal que el realismo sea aún mayor, ya que los actores nos proporcionan de lo mejor de sí mismos.
La película tiene muchísimas secuencias realmente memorables. Una de ellas, que más que una secuencia es un capítulo, es esa en que Owen, Ashitey y Ferris se infiltran en el campo de refugiados immigrantes para poder acceder al bote que les llevará al Proyecto Humano. Otra, sin duda, es la de la escapada con el coche que no arranca. También es necesario mencionar esos diálogos tan densos entre Owen con Moore y con Caine. Y por último, el espléndido final. Absolutamente increíble.

Cuarón habla de la humanidad. Habla de la esperanza, del dolor, de los niños, del pesimismo, de un futuro apocalíptico, de una sociedad aterrorizada, de las fuerzas políticas. Esta es una de esas películas que cuentan más o menos todo. Hay directores que saben mezclar tantos temas a la vez (como Cuarón), hay otros que no. El director mexicano consigue crear un discurso humano totalmente sobrecogedor. Me atrevería a decir que junto a pocos más, sabe mostrar en imágenes la filosofía humana. En Hijos de los hombres cada actor interpreta, no sólo su papel, sino a un simbolismo. Fíjense: Owen representa la compañía; Moore el pasado; Caine la filosofía; y Ashitey la esperanza.
Uno de los mejores momentos, como he comentado antes, de la película es ese en que Jasper (Caine) explica a Theo (Owen) el porqué de la desaparición de los niños y la teoría de que ese Proyecto Humano existe. Las frases que Jasper dice lo cuentan todo.
En definitiva, una obra maestra llena de secuencias impactantes (me olvidaba mencionar la explosión del principio) e interpretaciones que rozan o llegan a la perfección. Alfonso, te pedimos gracias por regalarnos tal maravilla.

Lo mejor el espeluznante y nada convencional final.
Lo peor que no le dieran más premios en Venecia.
Valoración 10

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