“M:I-III”, el de siempre + un debutante (en cine) con ciertos aires a Hitchcock


La frase mítica, que no salió a la luz en la película de Brian de Palma sino en la serie original, empezaba y acababa así: “Esta cinta se autodestruirá en 5 segundos”. Después de que el nombrado director llevara a cabo la serie a la gran pantalla con un reparto de perlas, todo se fue a pique: el maestro de las acrobacias y efectos visuales más fantasmas que los de James Bond, John Woo, decidió hacer una secuela, de la cual los resultados fueron (no en presupuesto, no, en esto fue excelente) increíblemente desastrosos.
El caso es que después de esta bazofia, nadie se atrevía a hacer la tercera entrega hasta que en el 2005, nombrosos directores de prestigio (como David Fincher) se ofrecieron a realizarla. Pero después de varios rechazos por parte de los directores, el realizador de dos las mejores series norteamericanas del momento (Alias y Perdidos), J.J. Abrams, se propuso tal arriesgada propuesta. El resultado: una cinta llena de acción (excelentemente rodada), con varios aires a serie de TV, con un buen reparto (del que descarto, por supuesto, a Tom Cruise) y con un aire dramático nunca visto en la saga. Además, si hablamos del presupuesto, la verdad es que fue de perlas.  

La película tiene un comienzo espectacular, el cual muestra practicamente el final de la película (sin detalles). Luego, la cinta se desarrolla con un ritmo impresionante, aunque a algunas escenas les falta un pelín de sentido común (bueno, quizás me atrevería a decir que en todas). Para mí, esto no es lo peor, no. Que las secuencias de acción no tengan ni un mínimo de sentido (¿a que no es normal que Tom Cruise se tire desde un edificio altísimo para entrar en otro?) no importa. Lo que sí importa es que las, en teoría, más creíbles y dramáticas, tampoco lo tengan (fijaos en el final situado en Xina con ese protagonista a punto de morir…). Pero ante todo, he de decir que esta película es la mejor de las tres, y buena parte de ello es gracias al villano, Philip Seymour Hoffman. Como decía Hitchcock: el villano es lo más importante en las películas. Como más bueno sea, mejor. Y otra cosa que utilizaba, y que aquí también se hace servir, es el famoso McGuffin. En la cinta de Abramas, no son unas botellas alcholicas con uranio dentro, sino un chisme llamado “pata de conejo”. El caso es que lo que menos le interesa al director es esto. Tanto que el espectador, al final, ni siquiera se entera de lo que es.

Podríamos decir que Misión: Imposible III cumple, y de sobras, con su objetivo: entretener (inteligentemente). Pero tampoco es que sea una película buena, simplemente, es lo que pretende ser.

Lo mejor Philip Seymour Hoffman y la secuencia del puente.
Lo peor el intento de Cruise de hacer un papel dramático.
Valoración 6

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