“Million Dollar Baby”, la absoluta obra maestra de Clint Eastwood

La última película de Clint Easwood se define con dos palabras: obra maestra. Mejor que la anterior del director, Mystic River, Million Dollar Baby

se convertirá en un clásico en la historia del cine.

Para describirla, podría utilizar las siguientes palabras: fuerza, dolor, muerte, cariño, padre e hija, perdición, literatura, voluntad, amistad, esperanza. Como podéis ver, no he mencionado la palabra “boxeo”, ya que es como un telón de fondo, lo que verdaderamente importa en esta película es la historia de una perdición y un reencuentro simbólico entre un padre y su hija.
Clint Eastwood es un auténtico genio. Nos demuestra su inteligencia a la hora de mostrar sus personajes -esa primera aparición de Hilary Swank desde la oscuridad, simbolizando que viene de un mundo pobre, oscuro, malo-.
También nos demuestra su amor a la fotografía y a la belleza cinematográfica, rodando cada uno de sus perfectos planos jugando con las sombras. Esto nos hace entrar en un mundo sombrío, un mundo desaparecido (similar a el de Sín perdón).
Eastwood nos enseña a vivir, a entender la vida y afrontar nuestros miedos del pasado, a seguir adelante, a relacionarnos.
Durante todo el film se oye la voz en off de Scrap (Morgan Freeman), el amigo y ayudante de Frankie (Clint Eastwood), situándonos en la historia, haciéndonos comprender del sufrimiento de los protagonistas, de un reencuentro. Al final, descubrimos que estas palabras que menciona, van dirigidas a la persona que Frankie ha perdido, a su hija.
Clint también nos enseña literatura (en el film se ve como lee un libro de Yeats. Una de las frases que recuerdo de el escritor es: “Y no sabemos que el ardor de nuestra sangre es sólo su añoranza de la tumba”.
El director (también actor y productor) nos vuelve a golpear el estómago, dejándonos con el corazón lleno de esperanza. Insuparable.

Eastwood interpreta a Frankie Dunn, un entrenador de boxeo que mantiene un gimnasio junto con su viejo amigo Scarp (Morgan Freeman). Frankie siente dolor por la pérdida de su hija (que se fue de casa y desapareció), a la que escribe cada semana sin tener respuesta alguna. Se perdona, se siente culpable, se siente solo.
Un día, una chica dispuesta a cambiar su oscura vida, Maggie Flitgerald (Hilary Swank), llega al gimnasio con la intención de que él le entrene personalmente. 
Entre ellos nace un vínculo de amistad y pérdida. Ambos han perdido a alguien: él a su hija y ella a su padre. Cuando ya pasan meses, la chica se hace famosa, pero no todo irá como esperaba, ya que no recuerda la frase que su entrenador le repite durante mucho tiempo: “protegerse en todo momento”.

No puedo decir nada malo de esta auténtica maravilla del séptimo arte, una enseñanza moral que ningun otro director la sabe mostrar como Eastwood.
Sin duda, la mejor película que he visto en años, y no creo que ninguna (excepto muchas otras clásicas) de hoy en día la supere. Magistral.

EN RESUMIDAS CUENTAS
Lo mejor
todo: la dirección, el guión, el trío protagonista, la fotografía,…
Lo peor nada.
Valoración 10

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