‘Vampir-Cuadecuc’ de Pere Portabella

Según Portabella, la gran clave para hacer películas es tener un proyecto visualizado en la mente, y conocer el medio cinematográfico a la perfección. Y no sólo con las películas, con el arte en general, con todo. Vampir-Cuadecuc, su tercer largometraje, demuestra ser una de los ataques más polémicos, controvertidos y sorprendentes al convencionalismo de las últimas décadas. Teniendo en mente la vuelta de tuerca al género de terror, y también la intención de hacer una propia película de lo que en un principio parece ser un making of, el cineasta llega a la cumbre de la crítica con esta bellísima y deslumbrante muestra de puro cine anarquista. Un bombardeo lleno de guiños y sub-capas que es más intencionado de lo que parece. O quizás es demasiado profundo -sólo con fijarse en la última escena uno se da cuenta de lo bien que Portabella domina el lenguaje-. Ya desde un principio veremos un intencionado ataque por dos usos que rompen radicalmente con lo convencional: el blanco y negro -por supuesto, existía el color desde hacía muchos años- y la eliminación de los diálogos, basándose únicamente en sonidos grabados durante la grabación y la post-producción -Carles Santos y Portabella son los culpables de que no se sincronizen en todo momento con las imágenes. Un detalle tan polémico como atractivo-.

Vampir-Cuadecuc parece deambular entre la clásica estructura narrativa y la pura espontaneidad. Para mí, todo se decanta hacia lo segundo por varios motivos: su intención no deja de ser la de darle un giro de ciento ochenta grados a la narración; con Drácula como punto de mira, Pere Portabella le da un sentido al cine y una vuelta radical y, por ese motivo -el de la archiconocida historia del conde- se puede presenciar únicamente algo de continuidad en su trascurso. O más que continuidad, sabemos lo que ocurre en ciertos momentos sin necesidad de que nos lo cuenten con pelos y señales. Aunque, por supuesto, predominan intercalos entre las escenas donde vemos cómo se ruedan los planos del film de Jesús Franco, que, a la par de ser artísticamente preciosas y sugerentes -la niebla falsa que se va extendiendo a lo largo del bosque…-, proporcionan un ritmo único a esta vampirización cinematográfica. 

Una obra clave para entender las intenciones que Pere Portabella aún sigue manteniendo. Clave también por tratarse de algo tan inusual e innovador, teniendo en cuenta la época en qué se realizó. De todos modos, desde 1970 hasta ahora no se ha realizado ninguna crítica tan feroz y compleja como ésta al cine de usar y tirar, al cine reiterativo. Así pues, este Vampir-Cuadecuc es más moderno que cualquier superproducción que podamos ver en estos momentos. Algo diferente a una obra maestra.

Leer critica Vampir-Cuadecuc en Muchocine.net

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