El cuarteto de la culpa

Crítica de Transsiberian (Brad Anderson, 2008)

transsiberian

Hay películas que están destinadas a gustar. Acostumbran a ser productos cuyo impacto visual es de lo más atractivo y cuyos actores dan lo mejor de sí mismos; probablemente lo que menos se tenga en cuenta sea lo que quieren contar en realidad. Transsiberian, un soberbio ejercicio de estilo y una nada disimulada revisión -o recopilación- al maestro del suspense, bien podría ser una de ellas. Su comienzo -la presentación de los dos personajes principales, notablemente interpretados por Emily Mortimer y Woody Harrelson- está probablemente alargado en demasía, pero a partir de la aparición de los otros dos formantes del cuarteto -unos también espléndidos y sorprendentes Eduardo Noriega y Kate Mara-, el ritmo empieza a acelerar, todo cobra más sentido y todo te llega a atrapar. Y es que si hay algo que destacar a banda de unos entregadísimos intérpretes -no creo que haga falta decir que Ben Kingsley está impresionante-, es una atmósfera tan lograda como completamente inquietante. El objetivo del film no es otro, en realidad, que el de “raptar” al espectador y no soltarlo hasta el último plano.

Transsiberian gusta, además, por ser tan extremadamente sincera, tan extrañamente cercana, por transmitir tantas cosas con tan pocas palabras -véase una clara metáfora en el plano donde, frente al tren pasando por detrás, un caballo atado no puede escapar-. Que en algún momento se manipule al espectador con un juego de montaje no implica que sea éste un punto en contra: todo thriller de la historia del cine ha llegado a engañar, de algún modo, para conseguir que durante el visionado no se sepa lo que ocurrirá en la siguiente escena. Pese a esto, la historia, sin dejar de ser atractiva,  está algo molida, y probablemente sea éste el punto más flaco.

Sin duda alguna, una refrescante película que deja bien claro que el thriller sigue en plena forma, y que éste es capaz de abarcar otros géneros como, en este caso, el drama. Transsiberian no canvia ningún trayecto, no es ningún caso excepcional, pero se situa, sobradamente, por encima de la media de los filmes de su género de lo que viene de año, con excepción de la tragedia de Lumet. Sus fallos se camuflan, prácticamente, por detrás de sus virtudes. Un entretenidísimo producto ocasionalmente moralizante.

PUNTUACIÓN: 6,5 SOBRE 10

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