Entre el ingenio y el calco

Quantum of solace (Marc Forster, 2008)

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Si Casino Royale, que era un soberbio ejercicio de entretenimiento, probablemente la mejor de la saga del mítico espía británico 007, estaba dirigida por alguien cuya aportación al cine había sido de lo más vulgar como Martin Cambell, la nueva y esperada secuela del ahora renovadísimo James Bond, Quantum of solace, tenía que ser la bomba definitiva que necesitaba la saga para resultar una de las más atractivas de los últimos tiempos, por el hecho que quién estaba tras la cámara era quien nos enseñó que el cine, de vez en cuando, podía convertirse en un sueño hecho realidad -me refiero a las dos joyas Descubriendo Nunca Jamás y Más extraño que la ficción-. Desgraciadamente, el resultado peca de irregularidad, pero lo que sobretodo le perjudica es que la previa existencia de la archiconocida trilogía del espía amnésico Jason Bourne le “permita” absorber el estilo y el mecanismo de todas y cada una de las escenas de acción -exceptuando lo mejor de la película, ese deslumbrante y tenso momento en la ópera-. No en vano, el coordinador de dichas frenéticas y masticadas secuencias es el mismo.   

Pero, dejando a un lado ese doloroso pero inevitable perjuicio, un servidor ha de reconocer que todo lo demás, que finalmente acaba siendo bien poco, eleva su calidad y hace que la presencia de Forster se acentúe. Su poderosa imaginación visual, llena de símbolos que son más de lo que parecen y que además contrasta con las mencionadas escenas plenas de adrenalina, le hace coincidir con otro del año, El caballero oscuro, otra secuela Blockbuster que, frente a muchos explosivos y bazucas, priorizaba su enérgico y original estilo visual. De ahí su distinguible su parecido con las aventuras de Roger Moore -probablemente el más irónico y menos complejo de la saga, pero el más creativo-, que daban prioridad a la forma que al contenido, pues conocían sobradamente la condición del género al que pertenecían, el de espías, cuya función no era otra que la de entretener al público. 

De Quantum of solace me quedo con sus ingeniosos diálogos, con sus medio-camufladas metáforas -el uso del fuego en paralelismo con el interior de los personajes, el destino de Mathis en el container, ese desierto que tan bien define la sequedad y el brutalismo de las acciones de Bond-, con los personajes secundarios -sobre todo con M, quien afortunadamente adopta un mayor protagonismo que en su predecesora, y el villano Greene, que sin ningún aspecto físico atemorizante, sólo con su mirada, consigue aterrar más que cualquier otro-, con las distintas tipografías de los nombres de cada país y con el estupendo final que da sentido al precioso título. Sin embargo, por mucha renovación de cara al realismo que se pretenda, hay algo tan esencial, tan mítico y diferenciable con el resto de productos como los gadgets de Q o la expresión “This is Bond, James Bond” que falta, y mucho. Y es que si una saga cinematográfica tan extensa y famosa como la que nos ocupa no quiere perder su propia personalidad, que no se olvide de lo más básico y, posiblemente, lo menos complejo: sus detalles. Una cosa es renovarse, otra perder por completo la esencia. Quantum of solace, una entretenidísima y, a ratos, muy personal película de acción, no la pierde, pero por poco lo hace.

Puntuación 6/10

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3 Respuestas a “Entre el ingenio y el calco

  1. Tras la apabullante “Casino Royale”, esperaba con mucho interés este Bond. Al final, como ocurre con casi todo lo que se hace esperar, la ensación es agridulce. Un Craig soberbio, un par de secuencias deslumbrantes (la persecución en Siena y la noche en la ópera) y unos diálogos de lo más estimulantes se mezclan con un montaje “Bourne”, un malo poco vistoso y un guión más simple que el mecanismo de un chupete. De todos modos, muy recomendable.

  2. Un Bond mucho menos conseguido que el anterior, con “Bourne” como espejo donde mirarse y Forster mareandonos con sus escenas de acción. Aún así me gusta mucho el camino que está cogiendo la franquicia, aunque la presente quede por debajo de las expectativas.

    Saludos.

  3. Mucho más flojita que Casino Royale sin duda aquí hay más salsa(las hostias) y menos ensalada(el argumento), pero después de todo distrae más de lo debido jejeje lo sumo a la Kurylenko 😉

    Salu2!!!!!!!

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