La vida en dos horas y media

Crítica de El curioso caso de Benjamin Button (David Fincher, 2008)

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Detrás de la grandilocuencia de su conjunto, en el nuevo y deslumbrante film de David Fincher se esconde un mensaje tan verdadero y cercano como la vida misma. Aunque probablemente ya lo conozcamos: hay que vivir la vida hacia atrás para llegar a comprenderla. En El curioso caso de Benjamin Button, lo remarcable no es el hecho de que el protagonista nazca viejo y muera joven; son sus consecuencias, el aprendizaje que él, un “bicho raro”, hace de la vida y cómo el tiempo real, que va invertido a su condición, le va marcando. Y es que, como le enseña a través de una carta en forma de testamento él a su hija, sólo se puede vivir invirtiendo el tiempo, huyendo del progreso, viviendo de la experiencia. Tal y cómo él ha hecho.   

No deja de ser una metáfora el hecho de que la historia comience el día que acaba la Primera Guerra Mundial, uno de esos días históricos en que se respira esperanza, y acabe mientras el Katrina arrasa Nueva Orleans, dejando limpia la ciudad donde Benjamin vivió durante su larga y extraña vida. Metáfora porque el huracán supone una reforma, una reconciliación de un país que, igual que el protagonista, va rejuveneciendo, que se verá reflejada en una última imagen sublime e inteligente, la de un reloj que marca la hora hacia atrás  (alias Benjamin) arrastrado por el agua del huracán (progreso, deconstrucción, o si quieren, renovación). Destaco, además, el momento en que Benjamin y su amada Daisy (que crece en sentido normal) se encuentran en el punto en que sus edades coinciden, y se observan en el espejo, que simboliza un cruze del destino, el encuentro entre una rebelión y un modelo.  

Ésta sería la nada fácil base de la historia que Fincher, a partir de un relato corto de F. Scott Fitzgerald, nos ha trasmitido tan impresionantemente. Ésta es, probablemente, una de las pocas películas de los últimos años que nos hable de la vida de manera total, a partir de un personaje extraño que vive rodeado de una vida normal (es éste uno de los aspectos que la diferencia de otras películas fantásticas). Vejez, amor, juventud, muerte, sentimientos, país, tiempo… vida. Todo está en Benjamin Button. Todo gracias a un maestro injustamente olvidado en la última ceremonia de los Oscar, cuya gran triunfadora fue una película que también hablaba de la vida, pero de una manera tramposa, confusa y efectista. Y es que El curioso caso de Benjamin Button, además de ser una obra de arte total (véanse las referencias a la literatura, a la pintura, al baile…), se aprecia por su sinceridad y su deslumbrante inteligencia emocional. Disfruten de la vida en dos horas y media, disfruten de un futuro clásico.

Puntuación 9/10

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2 Respuestas a “La vida en dos horas y media

  1. Hace poco colgué mi opinión en el ladrillo (http://enladrillovisto.blogspot.com/2009/02/el-curioso-caso-de-david-fincher.html).

    Espléndida e injustamente olvidada obra maestra. Sensible (el último cuarto de hora), formalmente atrevida (el accidente en París, el prólogo del relojero), con unas interpretaciones de primera (especialmente Blanchett, impresionante con “veintipocos aos”) y un Fincher en estado de gracia (el baile/seducción en el parque a medianoche).

    Imprescindible, una magnífica obra en un año 2008 muy recomendable cinematográficamente hablando (Nixon/Frost, La duda, Wall-E…..)

  2. Una maravilla de película, de lo mejor que vi recientemente.
    Buen blog.
    Saludos

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