Sugestión

Déjame entrar

Escrito el 20 de agosto de 2009

Hacía tiempo que oía hablar muy bien de un film sueco llamado Déjame entrar. Mi curiosidad era la suficiente como para verlo: un film sueco llamado Déjame entrar tenía cierto éxito en España, un país que precisamente no destaca por un multitudinario interés por películas suecas, y mucho menos de vampiros. El caso es que, tras meses sin encontrar el día oportuno para verla (llámenme vago, lo aceptaré), hoy me he decidido a verla. Mi opinión tras el visionado no puede ser más que satisfactoria. Probablemente, Déjame entrar sea uno de los filmes más bellos, originales y escalofriantes que haya visto hasta la fecha. 

Lo que más destacaría sería su inteligentísimo poder de sugestión. Igual que uno de mis filmes favoritos, El silencio de los corderos, el realizador del film en cuestión prefiere sugerir la violencia (que la hay, y mucha) antes que mostrarla a carne viva: prácticamente en ningún momento veremos un cuerpo hecho pedazos en planos detalle. A propósito, destacaría un momento brillante: la vampiresa protagonista alimentándose de un hombre en una pequeña habitación, cuya puerta de entrada medio abierta nos tapa (parcialmente) lo que ocurre en el interior. 

Otro elemento clave de Déjame entrar es su arriesgada propuesta formal: acorde con la frialdad de la historia (muy cruel y muy tierna a la vez), se opta por unos movimientos de cámara suaves y la combinación entre planos generales (normalmente de paisajes) y primerísimos planos (normalmente de los rostros de los personajes), o sea, entre el más puro distanciamiento y el acercamiento (casi roce) por parte del espectador. Un juego cinematográfico que le va como anillo al dedo a esta extrañísima historia repleta de sorpresas. Y es que si hay algo que también cabe resaltar es la sensación de misterio y angustia que provoca en cada momento: probablemente, uno de los momentos más tensos (aparte de ese inmejorable y sublime final en la piscina) ocurre dentro de una escena aparentemente romántica. Siempre hay que estar atento, pues igual que la vampiresa, el film te puede coger desprevenido en cualquier situación. 

Si bien su base argumental podría ser un punto en contra en un principio (historia de amor entre un niño de 12 años y una niña vampiresa), su escritor ha sabido alejarse al máximo de cualquier tópico y recurrir a diversos y variopintos elementos sorprendentemente únicos que hacen que el espectador se sienta en un terreno, no únicamente complaciente, sino también completamente virgen. 

Hagan el favor de no esperar tanto como yo he hecho. Acudan en cuanto antes a, y sé que lo habréis oído mil veces, una de las joyas cinematográficas de los últimos años. Quizás la menos convencional de todas las aparentes joyas que se clamen por ahí.

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