Mi dilema con ‘Juventud sin juventud’

Youth without youth 4

Diez años son diez años. Y aún más significativos lo son para alguien como Francis Ford Coppola, realizador de cuatro obras maestras del cine como El Padrino, La conversación, El Padrino, Parte II y Apocalypse Now. El caso es que, tras la larga espera, el resultado de su nuevo film no deja de ser decepcionante. Se llama Juventud sin juventud, y pese a su lírico y bellísimo título, no tiene ni pizca de fuerza en comparación con los tres mencionados. 

La carencia de fuerza viene determinada, a mi parecer, por un factor determinante: el intento de realizar algo novedoso (quedándose en un terreno muy discutible). Coppola es Coppola: y siempre lo será. Y ahora le ha dado por alejarse por completo de la industria (cosa que me parece terminantemente atractiva) para realizar, con el capital obtenido en su época dorada, los filmes que a él le apetecen y de la manera que a él más le gusta. Y yo me pregunto: ¿es Juventud sin juventud un film tan artísticamente innovador? Para algunos sí, pero para mí no tanto. Mi opinión podrá parecer simplista, pero es la que es: está tan sobrecargada, tan saturada de imágenes y reflexiones (filosóficas, religiosas…) que, cuando llega al final, uno no hace más que preguntarse de qué han servido realmente. Todo (me) queda reducido a un vacío irremediable. 

Habría que buscar el porqué. Una posible causa sería que la vi un día que estaba medio dormido en un sofá extremadamente cómodo. Otra, que dicha saturación no contiene una seria intención: que se trata de un experimento aparentemente transgresor que se queda a medio camino, que nunca llega a innovar por el simple hecho que no hay nada importante que contar y, consiguientemente, una forma adecuada para contarlo. Pero no me quedaré con ésta últiam posibilidad: el contenido del film es innegablemente transcendente.  La forma del film es muy preciosista: pero, ¿cuántas imágenes nos transmiten, por si solas, toda esa parafernalia de frases y habladurías con Dios y yo qué sé quién más? Casi ninguna. Eso sí, la puesta en escena de la mayoría de las escenas sigue llevando el sello propio del director, cosa que me satisface. Y la atmosfera es auténticamente única. Aunque me falta algo realmente importante en un film que ha estado diez años en proceso de pensamiento en la mente de un maestro: que todo constituya un conjunto sólido. Y en Juventud sin juventud, pese a todo el recargamiento reflexivo y estético que supone, no hay algo fundamental que transmitir que vaya ligado con el “cómo transmitirlo”. ¿El arte por el arte, pues? No sé, quizás se trate más de una cuestión de “quiero, puedo y necesito innovar algo que, sin embargo y sin darme cuenta en estos momentos, ya he innovado años atrás”.

A propósito, ¿cómo definiríais vosotros estos tan mencionados “nuevos tiempos”? Yo diría, simplemente, que en muy pocas ocasiones existen. Seguimos donde siempre: en las antípodas del cine (historias ancladas en fórmulas estructurales hoy en día más que gastadas). Ya puede haber mucha imagen bonita, mucha rosa y muchos relojes en funcionamiento a la vez, que si no se plantea lo más básico (el medio de expresión en cuestión: el lenguaje cinematográfico), no se llegará a algo realmente serio y valioso. Y ahí están, por muy antiguas que nos parezcan, El Padrino, La conversación, El Padrino, Parte II y Apocalypse Now. Cuatro joyas que llevaban su formalismo (sobrio pero de una fuerza impactante) acorde con su contenido (mucho mejor condensado que en Juventud sin juventud); y que no parecen anuncios de televisión: flashes visualmente atractivos pero, en sus entrañas, decepcionantemente vacíos. Aunque tampoco es el caso en cuestión. No exageremos.

En resumidas cuentas, mi valoración podría resumirse en las siguientes palabras: una historia llena de reflexiones (seguramente muy transcendentales) y de imágenes muy líricas (quizás no tan trascendentales) que falla en algo tan simple como la más pura saturación, pero que me ha gustado lo suficiente como para mantenerme despierto durante sus 124 minutos. Quizás sea la esencia del genio. Quizás mi sofá.

Ahora veo que me he ido mucho por las ramas. Probablemente necesite un descanso, o, lo más seguro, ver otra vez Juventud sin juventud. Estoy seguro que el próximo día que la vea no sólo lograré entender su auténtico sentido, sino que disfrutaré mucho más. Tengo esta esperanza. Coppola me suele entusiasmar. Ya os contaré.

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Una respuesta a “Mi dilema con ‘Juventud sin juventud’

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