‘La piel que habito’ (Pedro Almodóvar, 2011)

Arrastraba la polémica desde su aparición en el pasado Festival de Cannes, y cada vez iba generando más expectación. Ahora ya podemos opinar: se ha estrenado La piel que habito, lo último de Almodóvar. Un precioso y poético título para un film que, al menos para un servidor, ha costado de digerir aún dos días después de su visionado. Y en el mejor sentido de la palabra.

Con una portentosa banda sonora de fondo a cargo del fiel Alberto Iglesias, el director manchego arriesga como nunca y nos ofrece una compleja y durísima historia que versa sobre temas como las relaciones padres-hijos, la pérdida y, sobretodo, la libertad. Y es que La piel que habito proporciona reflexiones más allá de su propia historia interna; es un film necesario en los tiempos de indiferencia que corren en el cine y la sociedad actuales, tanto en su forma tan “almodovariana” como en su hondo contenido.

Almodóvar, fiel a su estilo y a sus temas, sacude al espectador, lo remueve por dentro, lo atrapa y lo deja con el corazón hundido pero, al final, intensamente latiendo, con un arriesgadísimo cierre que, lejos de llevar la película al ridículo, la eleva a algo superior, a algo que es tan consciente y seguro de sí mismo que es imposible olvidar. Nos encontramos ante una película madura, contemporánea y valiente.

Gracias a un reparto en estado de gracia –en especial una entregadísima Elena Anaya, en uno de los papeles más complicados vistos en mucho tiempo-, y a aspecto técnico impecable, el cineasta consigue crear situaciones de puro cine –véase la llegada del “tigre” a la mansión-, momentos que, de tan negros que son, conducen al espectador a sonrisas e, incluso, carcajadas. La presencia Almodóvar está siempre ahí, tanto en la vertiente más noir como en la cómica –inolvidables diálogos los que se dan en la tienda de ropa-, pero donde más puede hurgar esta vez es en la tragedia: desde recuerdos en el fuego –magnífico y desgarrador monólogo de Marisa Paredes- hasta el ‘nacimiento’ de Vera.

Esta fascinante y desafiante obra supone, desde ya, un soplo de aire fresco en el cine patrio e internacional, una visión incómoda de algunas realidades contemporáneas, que abarcan desde la falta de libertad hasta el avance tecnológico que sobrepasa las barreras de la moral. Eso sí, como bien dice Banderas en una entrevista, “radicalizará al público, para bien, o para mal”.

Lee la crítica en MuchoCine.net

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