Las mejores películas de 2011

A falta de ver The artist, la película revelación de la que todo el mundo habla y de la que nadie duda a estas alturas que se llevará más de un Oscar, estas son las películas de 2011 que más emociones me han provocado, las que me han hecho disfrutar y pensar al mismo tiempo; en definitiva, las que a mi parecer han sido las mejores. Ojalá hubiera tenido el tiempo suficiente como para poder haber visto muchas más que veinticinco, pero tampoco me puedo quejar. Lo único que lamento de verdad es no haber tenido la ocasión de cambiar entradas de semejantes bodrios por otras que seguramente hubieran estado mejor. Todo es cuestión de aprender.

  • El árbol de la vida (Terrence Malick)

No sólo me parece la mejor película del año, sino la más estimulante vista en varios años. Una obra que arrastraba una enorme expectación y que confirmó ser algo digno de un artista en toda regla como Malick. Inmensa, bella y profunda reflexión sobre la pérdida y el amor, la familia, la religión y, en definitiva, sobre todo lo que nos rodea y condiciona como humanos. Un futuro clásico que, sin su ambigüedad e imperfección, no sería tan único.

  • La piel que habito (Pedro Almodóvar)

El Almodóvar más arriesgado de los últimos años nos brinda una película fascinante y perturbadora, llena de matices y un final que deja al espectador pegado a la butaca, aterrorizado y a la vez satisfecho. Una reflexión sobre la libertad tan difícil de digerir como fácil de admirar. Elena Anaya ofrece una interpretación  asombrosa, y la música de Iglesias es inolvidable.

  • Melancholia (Lars von Trier)

Fascinante reflexión sobre el fin del mundo, sustentada en una radiografía humana, centrada en dos hermanas bien diferentes (magníficas interpretaciones de Dunst y Gainsbourg). Con ecos de Celebración, este film también aprovecha para hacer una afinada crítica a la sociedad acomodada y aparentemente estable, que muchas veces se niega a ver lo que hay más allá. Una película de momentos realmente tensos, y otros intensamente bellos (como el prólogo).

  • Midnight in Paris (Woody Allen)

No es de extrañar que, pese a unos últimos tiempos algo regulares, Allen haya vuelto a hacer magia: este pequeño proyecto vuelve a despertar la creatividad, la comicidad y la reflexión que muchas de sus obras anteriores contenían. Aquí todo es refrescante, ligero y divertido, pero también contiene un mensaje sobre lo excitante y a la vez difícil que es vivir en la nostalgia y/o los sueños. El cineasta  nos recuerda, al final, que la pesimista realidad contiene siempre chispas que nos ayudan a sobrevivir.

  • Drive (Nicolas Winding Refn)

Una puesta en escena brillante que sugiere y muestra a partes iguales la crudeza de una historia de un hombre solitario enamorado de la conducción y de una chica. Gosling transmite todas las emociones contenidas que fluyen por esa atmósfera saturada y asfixiante. Tensión máxima en todo momento (hasta en la escena de un beso…), violencia a raudales y una química asombrosa entre los dos personajes principales basada en las miradas más que en las palabras.

Inteligente e interesantísima adaptación que cobra vida propia gracias a una soberbia realización de Tomas Alfredson, quién vuelve a lucirse en el terreno de la sugestión tras su anterior obra maestra Déjame entrar. Oldman y todo el excelente reparto llevan también parte de las riendas, junto a un guión asombroso que trata a partes iguales la vertiente psicológica como la trama. Un auténtico logro cinematográfico bien alejado de los tópicos del cine de su género y, por consiguiente, de las tendencias actuales.

  • No tengas miedo (Montxo Armendáriz)
El cineasta navarrense consigue una obra magistral e inteligente, que trata con la máxima sobriedad, valentía y  sugestión un tema espinoso y difícil de digerir como los abusos infantiles. Gracias también a unas entregadas y soberbias interpretaciones (destacar la contenida y emocionante creación de Jenner), el film acaba siendo más aterrador y sensible que cualquier otra muestra directa sucesos como los que trata, dejando que el espectador interprete por él mismo.
Estas son las 7 películas que más me han despertado de este año. Sin embargo, hay muchas otras que no querría olvidar mencionar, pese a no tener en mi opinión el toque magistral que sí tienen las de la lista.
Hablo de La boda de mi mejor amiga, una divertidísima comedia americana que rompe con muchos tópicos del género, con una maravillosa Kristen Wiig; lo nuevo de Cronenberg, Un método peligroso, que pese a su inteligente guión y una elegante puesta en escena, no tiene la fuerza que tenían sus anteriores obras; Moneyball, un drama sustentado en una potente idea sobre la estadística y el deporte, notablemente interpretado por Pitt, pero a la que le falta una dirección más personal para llegar a ser brillante; el nuevo de Clooney como director, Los idus de marzo, un sólido thriller sobre la corrupción en las campañas políticas, con un estelar reparto en estado de gracia pero sin la intensidad y personalidad que tenía Buenas noches, y buena suerte; Begginers, una tragicomedia independiente, honesta y conmovedora, con una química interpretativa de muy alto nivel; y Un dios salvaje, la adaptación de la obra teatral de Yazmina Reza por un Polanski que, si bien domina de forma ejemplar los espacios y la dirección de actores, le falta ir más allá del simple texto.
Eso es todo por lo que respeta a mis gustos personales sobre la recolecta cinematográfica de este año. Nada más que desearles unas buenas fiestas y una feliz entrada de año nuevo. Si el panorama político y económico no nos dan alegrías, esperemos que lo haga el cine.
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