Crítica de ‘The artist’: la soledad, en silencio

El público actual no está acostumbrado a ver películas mudas y en blanco y negro. Y menos, en el cine. La película francesa The artist supone un arriesgo formal en toda regla en los tiempos que corren, donde el cine demasiadas veces parece teatro, y donde prima lo explícito, la rapidez y la facilidad. Obras como esta ayudan a dinamizar y romper con los esquemas ya totalmente establecidos,  tratando de cambiar la mentalidad del público y hacerle ver que no todo es lo que hay, que el cine ha evolucionado.

Michel Hazanavicius consigue, mediante recursos cinematográficos tanto de ayer como de hoy, entretener y sorprender al público, haciéndole olvidar al poco tiempo del inicio de su film de que allí no hay diálogos. Quizás parezca una propuesta forzada en tiempos donde ya ni nos planteamos que una película sea muda y a la vez entretenida; y lo curioso y maravilloso es que resulta un reto, no sólo estilístico, sino sobre todo hacia el espectador.

The artist nos confirma que el cine nunca llegó a ser mudo: el sonido diegético quizás no existía en esos tiempos (los años 20 narrados en el film), pero podía conseguirse ser altamente expresivo sin recurrir al diálogo. La imagen y la música podían y pueden provocar emociones a flor de piel, más intensas incluso que mediante las palabras. La película en cuestión posee momentos visuales que llegan a la brillantez, enormemente ocurrentes y deslumbrantes. Pero no sólo eso: esta es además una atractiva historia sobre la ambición y la fama, el amor  y, sobre todo, la soledad; esa inmensidad vacía en la que siente el protagonista (un magnífico y nada sobreinterpretado Jean Dujardin) al ver que en el mundo en el que vivía (el cine mudo) han cambiado las reglas, que ya no lo aceptan. Aunque The artist es también un homenaje al séptimo arte en toda regla, a sus límites y a su fuerza.

Y es que Hazanavizius refleja a la vez una época donde el panorama económico (a raíz del crack del 29) y cultural (el nacimiento del cine sonoro) cambiaban por completo. Un doble cambio que, sin duda, puede contener más coincidencias con el día de hoy de las que parecen (la economía ha vuelto a hundirse, y el panorama cinematográfico está sufriendo una evolución a partir del nacimiento de lo digital). Casualidad o no, el cineasta ha elegido un momento de la historia clave para entender muchas cosas que hoy mismo, más de 80 años después, siguen preocupándonos.

Aunque parezca paradojal, quizás lo mejor de la película esté en el final: ese sorprendente y mágico momento del jadeo (¡sonoro!) después del cansancio baile, con los protagonistas mirando a la cámara y sonriendo. Una vez más, ahí hay más de lo que parece: la película, como los artistas, también puede jadear después de un gran esfuerzo como el de entretener sin palabras (y en blanco y negro) durante una hora y media al espectador más acomodado del siglo XXI; aunque también de satisfacción, por haber recompensado a los cinéfilos más exigentes con un homenaje al cine sincero y moderno, refrescante y mágico. En todo caso, The artist puede estar bien orgullosa, también igual que sus protagonistas, de haber triunfado sin precedentes. Su tarea no ha sido fácil.

Valoración: 8 sobre 10

Leer la critica de The artist en Muchocine.net y Quehagoestefinde.com

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