Crítica de ‘Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres’: la meticulosidad del genio

Un paisaje gélido y lleno de secretos es el nuevo punto de partida de David Fincher. Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres es una película que respeta el universo de Larsson, pero contiene algo que pocas adaptaciones cinematográficas de best-sellers actuales pueden lucir: el sello propio e inconfundible de su director.

El material sueco daba pie a una interesante reflexión sobre la herencia moral que dejó el nazismo en la sociedad nórdica. Y, bajo una atmosfera asfixiante, aparentemente calmada, se encuentran las raíces del mal, personificadas en una familia llena de trapos sucios. Pero lo verdaderamente relevante de este film, aquello que la diferencia de lo que podría haber sido un traspaso a imágenes de la interesante novela de Larsson, es la labor de Fincher.

Igual que en Zodiac o La red social, el cineasta vuelve a mostrar –a veces, incluso con exceso- su gusto por la meticulosidad del seguimiento de un caso, por la recreación de unos hechos. Pero si hay algo admirable aquí, pese a esta aparente frialdad objetiva, es la capacidad de generar un angustioso suspense, mediante una habitual y soberbia puesta en escena, aún sabiéndose el espectador la trama de memoria –véase la “escena del cuchuillo” en la cocina entre Craig y Skarsgård-.

Igual que el personaje de Rooney Mara –asombrosa en el difícil papel de Sallander-, este no es un film sensible. Sí, hay lugar para la reflexión, pero no tanto para las emociones; excepto el momento final, en el que precisamente vemos como la mirada de la protagonista se enternece, se humaniza. Aquí priman el miedo, la asfixia, la inquietud, la perversidad, lo explícito; igual que los secretos de la familia Vanger, las emociones más cercanas y amables quedan enterradas. No es en vano, pues, que la relación amorosa entre Blomkvist y Sallander pase más desapercibida, aunque sí exista una química palpable entre ambos personajes.

Lo técnico, como es habitual en Fincher, también tiene un peso relevante: este film no sería lo mismo sin la característica nitidez de su fotografía, la pulcritud y el perfeccionismo casi mecánico del montaje, o la incómoda y vibrante música de Trent Reznor y Atticus Ross. Evidentemente, y por suerte, no todo queda en un mero ejercicio formal: lo interesante del director de Seven es que muestra un contenido difícil, sucio y lleno de maldad, con una pulcritud y meticulosidad pasmosas.

No creo que esta sea la mejor película de David Fincher. Seguramente, porque parte de un material que (casi) todos conocemos, y por lo tanto puede sorprender menos. Pero, sin duda, también debo reconocer que dudo que haya otro cineasta más adecuado para llevar este fenómeno literario a la pantalla. ¿Serán las coincidencias entre los universos de Larsson y Fincher?

Valoración: 8,5 sobre 10

Leer crítica en Muchocine.net y Quehagoestefinde.com

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