Crítica de ‘Tenemos que hablar de Kevin’: belleza insustancial

Ya en sus primeros planos, Tenemos que hablar de Kevin denota un interés por la ambigüedad y lo retorcido. Se tratan de planos bellamente filmados, pero la primera pregunta que debemos hacernos es: ¿hay algo sustancial detrás de este impecable tratamiento visual? Lo cierto es que nos encontramos ante una película que, a medida que avanza, y pese a contener un atractivo planteamiento argumental, se basa más en deslumbrar que en construir un buen discurso. Y, además, la sorpresa final es más que previsible.

Existe una saturación de efectos sonoros y visuales, de recursos perfectamente calculados –e innecesarios- que, lejos de intensificar la tensión y el misterio pretendidos, restan verdad y sinceridad al film. Podríamos situar a este debut de Lynne Ramsay en la línea entre lo experimental y el drama familiar al uso, aunque nunca llegue a encontrar su sitio, ni un tono adecuado.  No obstante, si algo cabría destacar es la introspectiva y soberbia interpretación de la dama indie actual por excelencia, Tilda Swinton, que hace que este fallido proyecto sea tomado un poco más en serio, además de algo más gozable.

Valoración: 4 sobre 10

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