Crítica de ‘La por’: el grito silenciado

La por

Roser Camí encarnando ‘El grito’ de Munch

Un prólogo estremecedor y a la vez revelador, que sugiere el terrorífico miedo en el que vive una familia, abre La por ante el espectador, anticipándole una historia y una estética que mantendrán su rumbo a lo largo del film. El “diablo”, encarnado por un soberbio Ramon Madaula, deambula por un pequeño piso de Barcelona sin dejar rostro, ni el de sus hijos ni el de su mujer, indiferente. Se marcha a trabajar y hasta el final no le volveremos a ver; pero su presencia restará en cada plano y cada mirada de los protagonistas del film.

Mediante una brillante y personalísima puesta en escena, el cineasta Jordi Cadena nos plantea un drama social desde la más elegante e inteligente sugestión. Como ya hizo junto a Judith Colell con Elisa K, aquí lo que sigue primando es la sensibilidad y el lenguaje: si un poder tiene el cine es el de mantener al espectador dentro y fuera de campo. Y en un tema como el tratado, qué mejor que optar por la vía de lo implícito, de la violencia nunca mostrada pero siempre presente.

En La por todo respira un aire de incomodidad enormemente desagradable, aunque las cosas resten tras las paredes de la intimidad. El punto de vista, aquí esencial y decisivo, demuestra que sin él, esta película no existiría. Cadena apuesta por un minimalismo estético que remite al Haneke de El séptimo continente o Caché, pero que también atisba elementos de un estilo propio y exquisito. Quizás subtramas como la de la novia del joven protagonista llevan al film por caminos que inevitablemente remiten a un serial televisivo; y son, en todo caso, innecesarias. Sin embargo, hay suficiente fuerza e inteligencia en La por como para olvidarse de algunos deslices propiamente de guión y centrarse en lo que prima, que es lo sensorial.

Acomódense y prepárense para ¿disfrutar? de una película excelente que les dejará con el cuerpo y la consciencia removidos. El drama social en el cine español nunca había visto, desde No tengas miedo de Armendáriz, una muestra tan inteligente y apabullante como La por. No se la pierdan.

Valoración: 7,5 sobre 10

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