Crítica de ’12 años de esclavitud’: Steve McQueen, un cineasta libre

12 años de esclavitud

Hacia la mitad de 12 años de esclavitud, aparece de forma inesperada un plano fijo insoportablemente largo en el que Solomon Northup, el esclavo protagonista, cuelga de un árbol y trata de no ahogarse tocando con los pies en el suelo. El encuadre, muy abierto, también deja ver detrás cómo los demás esclavos tratan de seguir haciendo vida normal detrás de él, sin poder ayudarlo. Esos exasperantes minutos pasan lentamente hasta que la escena concluye con la llegada del terrateniente, que lo suelta. Northup no acaba ahogado, pero el sufrimiento previo ha sido en todo caso peor que cualquier final trágico.

Si comienzo hablando con detalle de este plano es porque resume perfectamente cómo se aborda la esclavitud en el tercer largometraje de Steve McQueen. Lo cierto es que, hasta ésta, pocas películas contemporáneas habían conseguido tratar la maldad humana que esa práctica conlleva con tanto sentido y tanta ética cinematográfica, sin caer en los fáciles terrenos del sentimentalismo. Como es habitual en el cineasta, la compenetración entre forma y fondo son la clave para afrontar cualquier tema, ya sea la huelga de hambre, la ninfomanía o la esclavitud. Y es esperanzador observar como McQueen, tras haber emigrado a Hollywood y contado con un presupuesto mucho más elevado, sigue fiel a su inconfundible sello personal.

El mérito, pues, es doble: 12 años de esclavitud no solo aborda con inteligencia y respeto un tema maltratado -nunca mejor dicho- en el cine, sino que también nos confirma la potente autoría de su director. Si bien es cierto que, por momentos, la trama cae en mecanismos algo conservadores, más en a obviedad que en la sutileza, el resultado global es más que meritorio. Es admirable la tensión y la atmósfera que se consiguen en cada una de las escenas y, pese a la exagerada explicitud de una de ellas, McQueen sigue siendo un hábil maestro del fuera de campo. Quizás, es en los diálogos donde el film pierde mayor intensidad, especialmente en aquellos donde el dramatismo resulta demasiado grandilocuente o el tono –como en el que Ejiofor mantiene con Pitt- es de un buenismo innecesario.

Sin embargo, es en el final donde la película pierde más puntos. Un happy ending que abandona toda la poética anterior para, digámoslo así, poder contentar a un público menos exigente, más amplio. Claro que la historia termina como termina, eso es inegociable; pero el hábil McQueen podría haberlo mostrado de infinitas formas mejores. Supongo que es el módico precio que tiene que pagar para mantenerse en la industria y no perder su libertad (artística).

Valoración: 7,5 sobre 10

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2 Respuestas a “Crítica de ’12 años de esclavitud’: Steve McQueen, un cineasta libre

  1. Muy buen pelicula y buen comentario, creo ue el final que tiene (no lo voya contar para no arruinarle la pelicula a nadie) pero talvez es asi para sobrellevar lo duro que es el film

  2. Me encanta la película y esto bastante de acuerdo con tu reseña 🙂

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