Mi primer cortometraje disponible en Internet: ‘El vacío’

Ya está disponible en YouTube y Vimeo mi primer cortometraje, El vacío, que dirigí en 2009. El film, de 18 minutos y rodado en blanco y negro y color, está interpretado por Mercedes Vela y Fernando Balcells. Narra la vida de matrimonio de mediana edad sumido en la más pura rutina, cuyas vidas cambiarán radicalmente después de un suceso extraño e inexplicable en su piso.

En el proceso de elaboración del cortometraje conté con la generosa ayuda de  los cineastas Jordi Vidal Amorós y Pere Portabella, y del fotógrafo Octavi Aballí.

Una mezcla entre drama y fantasía que desde hoy está disponible de forma íntegra en el canal de El Séptimo Arte de YouTube.

¡Espero que lo disfrutéis!

Trailer del film:

Crítica de ‘J. Edgar’: sombras y represión

Aunque J. Edgar no se encuentra entre las mejores películas de Clint Eastwood de los últimos años, el sello del director está ahí, inconfundiblemente. Y eso, en los tiempos que corren, es ya de por sí un punto a su favor. Lógicamente, se podría esperar más del cineasta de incontestables obras maestras contemporáneas como Million Dollar Baby, Mystic River o Cartas desde Iwo Jima, pero también hay que tener en cuenta sus últimas producciones no han llegado a tal nivel.

Su reciente interés por las grandes historias de tono intimista también se ve reflejado en este caso: el biopic del eterno y polémico director del FBI muestra, a partes iguales, su cara pública como privada. Ambas, sin duda, llenas de contradicciones; y, por lo tanto, potencialmente interesantes. Dustin Lance Black elabora un guión sofisticado y lleno de elipsis temporales, mareante y algo estancado en ocasiones, pero que abarca de forma notable ese necesario y particular intimismo que toda película de Eastwood requiere. Sin embargo, el espectador puede que acabe únicamente interesado por esa caótica, reprimida y ambigua vida personal más que por la reconstrucción histórica de las discutidas hazañas del protagonista como hombre todo poderoso del país.

Aunque seguramente sea en el punto de vista de esa revisión histórica al pasado –contada en voz off por el propio Edgar- donde el cineasta encuentre su mayor logro: una atractiva e inusual reflexión sobre la ambigüedad y credibilidad de los relatos históricos, y a la vez sobre la ambiciosa y reprimida personalidad del personaje, en un diálogo final que, a mi parecer, se trata de la mejor y más emotiva escena del film.

Eastwood nos vuelve a ofrecer, bajo un tempo algo más rápido de lo habitual y una potente e inconfundible puesta en escena, una historia de un hombre lleno de sombras, debilidades y poder, espectacularmente caracterizado por Leonardo DiCaprio, en un papel introspectivo y realmente meritorio. Quizás falte en este ambicioso proyecto algo más de emotividad, y le sobre algo de grandilocuencia, pero está claro que consigue una vez más desprender un tono único de un cineasta irrepetible.

 Valoración: 7 sobre 10

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Quiniela de los Oscars 2012

Estamos a cuatro días de saber cuales serán las nominadas a los Oscars de este año, y después de una infinidad de premios repartidos en las últimas semanas en círculos de críticos de Estados Unidos, incluyendo los Globos de Oro, creo que es hora de repescar las predicciones que hice hace un tiempo de estos premios  y actualizarlas según lo que se ha ido viendo.

Como suele pasar, pese a haber una clara (y muda) favorita, este año tampoco faltan las luchas entre productor… perdón, películas. The Weinstein Company, con The artist, y Fox con Los descendientes, se disputarán los premios  La verdad es que ambas son muy buenas películas, pero si me tuviera que decantar, posiblemente escogería la segunda, ya sea por su humanidad, trascendencia y humildad. Si bien la mayoría de premios gordos se los han repartido entre las dos, hay una tercera en discordia que podría -muy dudablemente- dar el campanazo: Hugo, de Scorsese. Aunque, a decir verdad, todas las quinielas y premios anteriores apuntan a que será reconocida con el de Mejor director.

Evidentemente, esta quiniela no está sólo basada en mis intuiciones; también he ido observando por dónde se han decantado las de los críticos más expertos para tener alguna idea. Y debo decir que, sin haberlas visto todas -sí la mayoría-, la calidad de este año es notable. Incluso no me “haría daño” que gane la que todo el mundo sabe que ganará. Sin más miramientos, aquí tenéis mi quiniela de las nominadas y de las posibles ganadoras.

  • The artist
  • Los descendientes
  • La invención de Hugo
  • Midnight in Paris
  •  Moneyball
  • Caballo de batalla
  • Criadas y señoras
  • Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres
  • Drive
MEJOR DIRECTOR
  • Martin Scorsese por La invención de Hugo
  • David Fincher por Millenium: Los hombres que…
  • Alexander Payne por Los descendientes
  • Woody Allen por Midnight in Paris
  • Michel Hazanavicius por The artist
MEJOR ACTOR
  • George Clooney por Los descendientes
  • Jean Dujardin por The artist
  • Leonardo DiCaprio por J. Edgar
  • Michael Fassbender por Shame
  • Brad Pitt por Moneyball
MEJOR ACTRIZ
  • Michelle Williams por My week with Marylin
  • Meryl Streep por La dama de hierro
  • Glenn Close por Albert Nobbs
  • Rooney Mara por Millenium: Los hombres que…
  • Viola Davis por Criadas y señoras
MEJOR ACTOR SECUNDARIO
  • Christopher Plummer por Begginers
  • Albert Brooks por Drive
  • Kenneth Branagh por My week with Marylin
  • Jonah Hill por Moneyball
  • Nick Nolte por Warrior
MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA
  • Jessica Chastain por Criadas y señoras
  • Octavia Spencer por Criadas y señoras
  • Bérénice Bejo por The artist
  • Shailene Woodley por Los descendientes
  • Janet McTeer por Albert Nobbs

Crítica de ‘Silencio en la nieve’: lo nuevo, como siempre

Nadie hasta ahora en el cine patrio había hablado de la División Azul. Ni tampoco habían frecuentado películas situadas en la Segunda Guerra Mundial; y menos, thrillers en este contexto. Gerardo Herrero tenía con Silencio en la nieve un valioso e inédito material en sus manos, y en su nuevo film no lo ha exprimido lo suficiente.

Como si de un thriller policíaco al uso se tratara, dos militares españoles de la División tratan de cazar a un asesino en serie en las gélidas tierras rusas. El prometedor y misterioso inicio del film, con los caballos congelados en un calmado río, nos sitúa directamente, sin miramientos, en la acción: el hallazgo de la primera víctima, y la presentación de los dos protagonistas. Sin embargo, a medida que avanza la trama, las emociones y el misterio van perdiéndose.

Es cierto que hay escenas verdaderamente lúcidas como la del juego de la pistola o la amenaza al niño, pero la puesta en escena plana e impersonal de Herrero no ayuda a crear la tensión necesaria en todo el conjunto. Momentos que piden vibración acaban resultando menos interesantes por esa representación tradicional, que a veces hasta roza la más pura tecnicidad. Y no es que el punto de vista sea distante; simplemente, no se adapta lo necesario a las circunstancias que muchas veces podrían haber sido más provechosas. Eso sí, la dirección artística es asombrosa.

Aunque también hay que decirlo, el guión no es perfecto: contiene tópicos y situaciones algo predecibles, y también tramas secundarias nada bien desarrolladas–como la historia de amor-. Si bien los protagonistas, tanto el riguroso y opaco inspector Andrade –magníficamente interpretado por Juan Diego Botto- como el rudo y entrañable Sargento Estrada –como siempre, un inmejorable Carmelo Gómez-, están profundamente tratados, no pasa lo mismo con los secundarios, que bien podrían haber proporcionado momentos de mayor riqueza narrativa y psicológica.

Pese al ligero desperdicio de la primicia del material, Herrero consigue que no perdamos el interés por la trama detectivesca –lo principal del film-, y entretiene durante cerca de dos horas sin alejarse nunca de lo tradicional.

Valoración: 6 sobre 10

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Crítica de ‘Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres’: la meticulosidad del genio

Un paisaje gélido y lleno de secretos es el nuevo punto de partida de David Fincher. Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres es una película que respeta el universo de Larsson, pero contiene algo que pocas adaptaciones cinematográficas de best-sellers actuales pueden lucir: el sello propio e inconfundible de su director.

El material sueco daba pie a una interesante reflexión sobre la herencia moral que dejó el nazismo en la sociedad nórdica. Y, bajo una atmosfera asfixiante, aparentemente calmada, se encuentran las raíces del mal, personificadas en una familia llena de trapos sucios. Pero lo verdaderamente relevante de este film, aquello que la diferencia de lo que podría haber sido un traspaso a imágenes de la interesante novela de Larsson, es la labor de Fincher.

Igual que en Zodiac o La red social, el cineasta vuelve a mostrar –a veces, incluso con exceso- su gusto por la meticulosidad del seguimiento de un caso, por la recreación de unos hechos. Pero si hay algo admirable aquí, pese a esta aparente frialdad objetiva, es la capacidad de generar un angustioso suspense, mediante una habitual y soberbia puesta en escena, aún sabiéndose el espectador la trama de memoria –véase la “escena del cuchuillo” en la cocina entre Craig y Skarsgård-.

Igual que el personaje de Rooney Mara –asombrosa en el difícil papel de Sallander-, este no es un film sensible. Sí, hay lugar para la reflexión, pero no tanto para las emociones; excepto el momento final, en el que precisamente vemos como la mirada de la protagonista se enternece, se humaniza. Aquí priman el miedo, la asfixia, la inquietud, la perversidad, lo explícito; igual que los secretos de la familia Vanger, las emociones más cercanas y amables quedan enterradas. No es en vano, pues, que la relación amorosa entre Blomkvist y Sallander pase más desapercibida, aunque sí exista una química palpable entre ambos personajes.

Lo técnico, como es habitual en Fincher, también tiene un peso relevante: este film no sería lo mismo sin la característica nitidez de su fotografía, la pulcritud y el perfeccionismo casi mecánico del montaje, o la incómoda y vibrante música de Trent Reznor y Atticus Ross. Evidentemente, y por suerte, no todo queda en un mero ejercicio formal: lo interesante del director de Seven es que muestra un contenido difícil, sucio y lleno de maldad, con una pulcritud y meticulosidad pasmosas.

No creo que esta sea la mejor película de David Fincher. Seguramente, porque parte de un material que (casi) todos conocemos, y por lo tanto puede sorprender menos. Pero, sin duda, también debo reconocer que dudo que haya otro cineasta más adecuado para llevar este fenómeno literario a la pantalla. ¿Serán las coincidencias entre los universos de Larsson y Fincher?

Valoración: 8,5 sobre 10

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Crítica de ‘The artist’: la soledad, en silencio

El público actual no está acostumbrado a ver películas mudas y en blanco y negro. Y menos, en el cine. La película francesa The artist supone un arriesgo formal en toda regla en los tiempos que corren, donde el cine demasiadas veces parece teatro, y donde prima lo explícito, la rapidez y la facilidad. Obras como esta ayudan a dinamizar y romper con los esquemas ya totalmente establecidos,  tratando de cambiar la mentalidad del público y hacerle ver que no todo es lo que hay, que el cine ha evolucionado.

Michel Hazanavicius consigue, mediante recursos cinematográficos tanto de ayer como de hoy, entretener y sorprender al público, haciéndole olvidar al poco tiempo del inicio de su film de que allí no hay diálogos. Quizás parezca una propuesta forzada en tiempos donde ya ni nos planteamos que una película sea muda y a la vez entretenida; y lo curioso y maravilloso es que resulta un reto, no sólo estilístico, sino sobre todo hacia el espectador.

The artist nos confirma que el cine nunca llegó a ser mudo: el sonido diegético quizás no existía en esos tiempos (los años 20 narrados en el film), pero podía conseguirse ser altamente expresivo sin recurrir al diálogo. La imagen y la música podían y pueden provocar emociones a flor de piel, más intensas incluso que mediante las palabras. La película en cuestión posee momentos visuales que llegan a la brillantez, enormemente ocurrentes y deslumbrantes. Pero no sólo eso: esta es además una atractiva historia sobre la ambición y la fama, el amor  y, sobre todo, la soledad; esa inmensidad vacía en la que siente el protagonista (un magnífico y nada sobreinterpretado Jean Dujardin) al ver que en el mundo en el que vivía (el cine mudo) han cambiado las reglas, que ya no lo aceptan. Aunque The artist es también un homenaje al séptimo arte en toda regla, a sus límites y a su fuerza.

Y es que Hazanavizius refleja a la vez una época donde el panorama económico (a raíz del crack del 29) y cultural (el nacimiento del cine sonoro) cambiaban por completo. Un doble cambio que, sin duda, puede contener más coincidencias con el día de hoy de las que parecen (la economía ha vuelto a hundirse, y el panorama cinematográfico está sufriendo una evolución a partir del nacimiento de lo digital). Casualidad o no, el cineasta ha elegido un momento de la historia clave para entender muchas cosas que hoy mismo, más de 80 años después, siguen preocupándonos.

Aunque parezca paradojal, quizás lo mejor de la película esté en el final: ese sorprendente y mágico momento del jadeo (¡sonoro!) después del cansancio baile, con los protagonistas mirando a la cámara y sonriendo. Una vez más, ahí hay más de lo que parece: la película, como los artistas, también puede jadear después de un gran esfuerzo como el de entretener sin palabras (y en blanco y negro) durante una hora y media al espectador más acomodado del siglo XXI; aunque también de satisfacción, por haber recompensado a los cinéfilos más exigentes con un homenaje al cine sincero y moderno, refrescante y mágico. En todo caso, The artist puede estar bien orgullosa, también igual que sus protagonistas, de haber triunfado sin precedentes. Su tarea no ha sido fácil.

Valoración: 8 sobre 10

Leer la critica de The artist en Muchocine.net y Quehagoestefinde.com

El Séptimo Arte en las redes sociales

Desde hace unas semanas, El Séptimo Arte tiene presencia en tres de las redes sociales más conocidas de la actualidad: Twitter, YouTube y Facebook.

Por un lado, dispone de una cuenta en Twitter (@el7oarte), donde se van añadiendo enlaces de interés de forma casi diaria, además de las novedades del blog aparecidas en las otras plataformas .

En YouTube dispone de un canal donde aparecen básicamente trailers y clips de preestrenos, gracias a la cortesía de la mayoría de las productoras del país.

Y, por último, la pagina de Facebook, que supone una vía intermedia entre las dos anteriores, pues se cuelgan tanto los vídeos de YouTube como las noticias que aparecen en Twitter. De momento, debido a su reciente creación, es la que menos seguidores tiene.

Espero, pues que los que dispongáis de redes sociales os animéis a seguir El Séptimo Arte. A partir de ahora, ¡las actualizaciones están aseguradas!

De pandillas y monstruos: ‘Attack the block’ y ‘Super 8′

Críticas de Super 8 y Attack the block

Con poca diferencia de tiempo se han estrenado en 2011 dos películas con algunas coincidencias a nivel superficial, pero muy alejadas en su fondo: se trata de Super 8 (J. J. Abrams) y de Attack the block (Joe Cornish). ¿Qué tienen en común? Lo más vistoso, las bases del argumento: una pandilla de jóvenes se deberán enfrentar a una invasión alienígena. ¿Dónde difieren? Seguramente, en todo lo demás.

Mientras la de Abrams supone una nostálgica revisión al mundo cinematográfico de los 70 (y concretamente, de Spielberg, su productor), a la infancia y a su imaginación, la de Cornish se aferra a una espinosa realidad actual, con una factura menor, pero con un potente mensaje de tono irreverente, cómico y ciertamente gore. Así pues, ambas comparten una base (la primera capa), pero tanto a nivel formal como de fondo contienen muchas diferencias.

Si la pandilla de Super 8, considerablemente más joven que la otra, encuentra la felicidad filmando pequeñas películas en grupo, la de Attack the block sobrevive en las calles de un barrio hostil creando temor a sus habitantes. Lógicamente, las dos viven en dos contextos sociales y temporales diferentes (de ahí sus acciones), pero hay algo interesante a remarcar: la primera “se esconde” para filmar (desarrollar su afición), mientras que la segunda pasea por la calle sin miedo; pero tanto una como otra no son aceptadas, ni por sus padres ni por la sociedad más elitista, respectivamente.

De alguna forma, el grupo de Attack the block es la representación del mal de la sociedad (pandilla de jóvenes mulatos, delincuentes, que viven en barrios periféricos de Londres, etc), o más bien, son aquél lado que nadie quiere ver y que todo el mundo sabe que existe. Por eso es tan importante la figura de la enfermera, a quien atracan al principio y finalmente se acaba uniendo a ellos, viéndoles “su lado humano”. Por típico que parezca, la película de Cornish retrata algo que actualemente ha dado mucho que hablar, y más en Inglaterra después de los sucesos con los riots en la capital. Un tema sin duda espinoso que permite a estos anthéroes con navajas y ciclomotores tratar de salvar a una sociedad que ni tan sólo los acepta. Como bien afirma el protagonista en un momento de la película, cuando la invasión ya se ha extendido, “ahora los monstruos no somos nosotros”.

Super 8 se construye en base al cine como evasión. Sus personajes, nada cómodos con la realidad a la que tienen que enfrentarse (la muerte de una madre, un padre desestabilizado, etc), se aleja de ella haciendo lo que más les gusta: filmar. A diferencia de la otra pandilla, no se quieren aferrar a la crudeza que les rodea. Es de suponer que no importa tanto el contenido social, sino la recreación de la nostalgia, las aventuras que todo niño ha imaginado o vivido.

Si algo brilla en Attack the block es su guión: Cornish, sin huir de algunos cánones clásicos, construye asombrosamente unos diálogos llenos de irreverencia e ironía, unos giros de guión sorprendentes y nada forzados y, sobre todo, una comicidad única y original. Aunque el proyecto parezca superficialmente de serie B, todos estos elementos (menos el presupuesto) contribuyen a afirmar que nos encontramos ante un producto enormemente potente e inteligente.

Abrams brilla, en cambio, en la puesta en escena: clásica y spielbergiana, siempre manteniendo al espectador en tensión y con una fluidez y elegancia tremendas. Sin embargo, del guión sobra su excesiva espectacularidad final, nada acorde con el entrañable intimismo del primer tramo, donde se aprecia la relación entre los niños, gracias, en parte, a las maravillosas interpretaciones de todos ellos.

En todo caso, ambos filmes llegan a coincidir en algo que a veces se echa en falta en filmes del género: el uso de una invasión alienígena como excusa para contar algo más que una aventura, ya sea un malestar social o un homenaje nostálgico a una forma de hacer cine. Nos encontramos ante dos buenos proyectos que cumplen con sus respectivos objetivos; dos concepciones bien diferentes de pandillas de jóvenes, de contextos sociales (la Guerra Fría, la actualidad) y del sentido de la aventura.

Valoraciones
Attack the block: 8,5 sobre 10
Super 8: 7,5 sobre 10

Las mejores películas de 2011

A falta de ver The artist, la película revelación de la que todo el mundo habla y de la que nadie duda a estas alturas que se llevará más de un Oscar, estas son las películas de 2011 que más emociones me han provocado, las que me han hecho disfrutar y pensar al mismo tiempo; en definitiva, las que a mi parecer han sido las mejores. Ojalá hubiera tenido el tiempo suficiente como para poder haber visto muchas más que veinticinco, pero tampoco me puedo quejar. Lo único que lamento de verdad es no haber tenido la ocasión de cambiar entradas de semejantes bodrios por otras que seguramente hubieran estado mejor. Todo es cuestión de aprender.

  • El árbol de la vida (Terrence Malick)

No sólo me parece la mejor película del año, sino la más estimulante vista en varios años. Una obra que arrastraba una enorme expectación y que confirmó ser algo digno de un artista en toda regla como Malick. Inmensa, bella y profunda reflexión sobre la pérdida y el amor, la familia, la religión y, en definitiva, sobre todo lo que nos rodea y condiciona como humanos. Un futuro clásico que, sin su ambigüedad e imperfección, no sería tan único.

  • La piel que habito (Pedro Almodóvar)

El Almodóvar más arriesgado de los últimos años nos brinda una película fascinante y perturbadora, llena de matices y un final que deja al espectador pegado a la butaca, aterrorizado y a la vez satisfecho. Una reflexión sobre la libertad tan difícil de digerir como fácil de admirar. Elena Anaya ofrece una interpretación  asombrosa, y la música de Iglesias es inolvidable.

  • Melancholia (Lars von Trier)

Fascinante reflexión sobre el fin del mundo, sustentada en una radiografía humana, centrada en dos hermanas bien diferentes (magníficas interpretaciones de Dunst y Gainsbourg). Con ecos de Celebración, este film también aprovecha para hacer una afinada crítica a la sociedad acomodada y aparentemente estable, que muchas veces se niega a ver lo que hay más allá. Una película de momentos realmente tensos, y otros intensamente bellos (como el prólogo).

  • Midnight in Paris (Woody Allen)

No es de extrañar que, pese a unos últimos tiempos algo regulares, Allen haya vuelto a hacer magia: este pequeño proyecto vuelve a despertar la creatividad, la comicidad y la reflexión que muchas de sus obras anteriores contenían. Aquí todo es refrescante, ligero y divertido, pero también contiene un mensaje sobre lo excitante y a la vez difícil que es vivir en la nostalgia y/o los sueños. El cineasta  nos recuerda, al final, que la pesimista realidad contiene siempre chispas que nos ayudan a sobrevivir.

  • Drive (Nicolas Winding Refn)

Una puesta en escena brillante que sugiere y muestra a partes iguales la crudeza de una historia de un hombre solitario enamorado de la conducción y de una chica. Gosling transmite todas las emociones contenidas que fluyen por esa atmósfera saturada y asfixiante. Tensión máxima en todo momento (hasta en la escena de un beso…), violencia a raudales y una química asombrosa entre los dos personajes principales basada en las miradas más que en las palabras.

Inteligente e interesantísima adaptación que cobra vida propia gracias a una soberbia realización de Tomas Alfredson, quién vuelve a lucirse en el terreno de la sugestión tras su anterior obra maestra Déjame entrar. Oldman y todo el excelente reparto llevan también parte de las riendas, junto a un guión asombroso que trata a partes iguales la vertiente psicológica como la trama. Un auténtico logro cinematográfico bien alejado de los tópicos del cine de su género y, por consiguiente, de las tendencias actuales.

  • No tengas miedo (Montxo Armendáriz)
El cineasta navarrense consigue una obra magistral e inteligente, que trata con la máxima sobriedad, valentía y  sugestión un tema espinoso y difícil de digerir como los abusos infantiles. Gracias también a unas entregadas y soberbias interpretaciones (destacar la contenida y emocionante creación de Jenner), el film acaba siendo más aterrador y sensible que cualquier otra muestra directa sucesos como los que trata, dejando que el espectador interprete por él mismo.
Estas son las 7 películas que más me han despertado de este año. Sin embargo, hay muchas otras que no querría olvidar mencionar, pese a no tener en mi opinión el toque magistral que sí tienen las de la lista.
Hablo de La boda de mi mejor amiga, una divertidísima comedia americana que rompe con muchos tópicos del género, con una maravillosa Kristen Wiig; lo nuevo de Cronenberg, Un método peligroso, que pese a su inteligente guión y una elegante puesta en escena, no tiene la fuerza que tenían sus anteriores obras; Moneyball, un drama sustentado en una potente idea sobre la estadística y el deporte, notablemente interpretado por Pitt, pero a la que le falta una dirección más personal para llegar a ser brillante; el nuevo de Clooney como director, Los idus de marzo, un sólido thriller sobre la corrupción en las campañas políticas, con un estelar reparto en estado de gracia pero sin la intensidad y personalidad que tenía Buenas noches, y buena suerte; Begginers, una tragicomedia independiente, honesta y conmovedora, con una química interpretativa de muy alto nivel; y Un dios salvaje, la adaptación de la obra teatral de Yazmina Reza por un Polanski que, si bien domina de forma ejemplar los espacios y la dirección de actores, le falta ir más allá del simple texto.
Eso es todo por lo que respeta a mis gustos personales sobre la recolecta cinematográfica de este año. Nada más que desearles unas buenas fiestas y una feliz entrada de año nuevo. Si el panorama político y económico no nos dan alegrías, esperemos que lo haga el cine.

‘El topo’: al servicio de la inteligencia

Desde Munich (Spielberg, 2005) que no presenciábamos una película de espías tan absorbente e inteligente como El topo. Se le nota su condición de adaptación novelesca. Y mucho. Pero eso no le impide tener una personalidad propia. Es más: aprovecha la ventaja de contar con una historia compleja y profunda, y la lleva a su terreno, sin desviarse pero nunca sometiéndose por completo. El estilo de Tomas Alfredson, además de un laborioso guión y unas soberbias interpretaciones, es lo que acaba por dotar a este film de una identidad propia, como ya lo hizo Meirelles con El jardinero fiel, también de Le Carré.

Igual que esa obra maestra “de vampiros” que el mismo cineasta sueco nos brindó hace ya tres años llamada Déjame entrar, la película en cuestión plantea un género clásico como el de espías para ir más allá: aquí no hay pizca de acción, y aunque la trama es compleja y laberíntica, se acaban abordando temas mucho más complejos que los habituales en este tipo de proyectos. Y es que en tiempos de “misiones imposibles”, se aprecian filmes que, dentro de los parámetros del género, brillen por la inteligencia y contengan una trabajada vertiente psicológica.

Lógicamente, si el espectador no ha leído la novela en la que se basa, como un servidor, es prácticamente imposible ligar todos los cabos narrativos que van surgiendo a medida que avanza la película: muchos detalles del guión se pierden o pasan desapercibidos, pese a estar éste asombrosamente planteado y elaborado; pero si hay algo que es imposible no palpar es su profundidad psicológica. Hay muchos personajes, pero aun y así, y pese a la contención de todos ellos, sus personalidades están dibujadas de una forma extraordinaria, además de interpretadas por un reparto “british” en estado de gracia. Destacar, por encima de todo, la impresionante creación de Gary Oldman como el protagonista George Smiley, un hombre con el que pese a ser sentimentalmente hermético y solitario, el espectador consigue llegar a empatizar o, si más no, a conectar.

De forma también meritoria, Alfredson contextualiza la historia en una atmosfera asfixiante y fría, que transmite en cada situación concreta lo que ésta le pide –véase el habilidoso juego de las sombras en los interiores-. Técnicamente es impecable y coherente, pero si hay algo asombroso en este filme es la puesta en escena: con ecos de los 70 y siempre transmitiendo de la forma más adecuada las emociones y sensaciones que se desprenden de la historia, el realizador logra mantenernos en una tensión constante y, como ya hizo en su anterior creación, apuesta por la difícil vía de la sugestión.

Los amantes del cine de espionaje (de verdad) disfrutarán con El topo más que nadie. Pero a su vez lo harán los cinéfilos, y aquellos espectadores que quieran ser tratados con inteligencia y estén dispuestos a dejarse seducir durante dos horas por una magnífica y meditada película sobre la traición, la amistad, la soledad y, también, sobre espías.

Valoración: 8 sobre 10

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